Reconstruyéndonos


Todas las crisis tienen sus protagonistas y a veces su papel es tan relevante que los demás actores quedan ocultos. Tanto que ni siquiera los historiadores serán capaces de recuperarlos para incorporarlos a las crónicas del pasado. Por eso, me va a permitir que no hable ni de la austeridad pública ni del desempleo, los dos grandes temas que, por su importancia, nos han absorbido mentalmente. Intentaré, usando los últimos datos del Banco de España, reivindicar el enorme esfuerzo país que hay detrás de esta recuperación, por otra parte, tan negada por tantos. 

En el 2010, la banca española nos había concedido crédito por un billón ochocientos cuarenta y tres mil millones y, a pesar de lo que se da como una verdad absoluta, solo un billón cien mil era para deuda con garantías reales, esencialmente adquisición de viviendas. Por tanto, debíamos setecientos mil millones, el 70 % de nuestro producto interior bruto, a beneficio de inventario, es decir, nos lo habían prestado con la única garantía de nuestra propia persona o el de algún amigo o familiar que nos avalase. Pero el 2010, a diferencia de lo que se pensaba a principios de año, no es el inicio de la recuperación, sino el último aliento de un moribundo contagiado por la crisis del euro. El país se sitúa al borde de la quiebra y en tan solo dos años la cartera crediticia de la banca cae en doscientos mil millones, ¡Brutal! Exactamente la misma cifra en la que descienden las deudas con garantías reales. En paralelo, las de dudoso cobro se incrementan en casi sesenta mil millones de euros. La economía está colapsada y aquí empieza un esfuerzo que, por ser colectivo, difuso y carente de rostros, quedará en el olvido de muchos, menos de los que lo padecieron. 

Las empresas ven como, de un día para otro, les cortan sus pólizas de crédito y si desean que sus proveedores no hagan lo mismo deben obtener liquidez, aunque sea despidiendo. Usan el dinero de una nómina extinguida como elemento de financiación. Expulsamos del mercado laboral, en un tiempo récord de poco más de un año, a más de un millón de personas. Tal capacidad de destrucción superó lo imaginable. Las caídas empresariales se miden por segundos. Una mora provoca otra. ¿Le ha parecido fuerte este shock? Bien, pues vuelve a repetirse. Nuestro cuerpo todo lo aguanta. La cartera crediticia del 2012 al 2014 se reduce aún más, en doscientos veinte mil millones. En cuatro años, el crédito se cae en más de cuatrocientos mil millones. Tela. Si usted lo ha vivido, que apuesto a que sí, tatúese en su cuerpo la palabra superviviente porque eso es lo que es, el que sobrevivió al mayor colapso financiero de España desde la Guerra Civil. 

Finalmente, termina el 2013 con una mora de prácticamente doscientos mil millones de euros, el doble de la que había a finales de 2010. No será nada descabellado afirmar que el 25 % del recorte de crédito que padeció España entre el diez y el catorce, acabó de un modo u otro en manos judiciales. 

En el 2015, España recupera el acceso a la financiación y, por primera vez en tiempo, las deudas sin garantías reales, en las que usted y sus condiciones económicas son el aval, vuelven a incrementarse, no mucho, en apenas diez mil millones, pasando de 376.000 a 386.000. Y fíjese lo que se ha notado, el país creciendo a tasas superiores al tres por ciento, medio millón de nuevos cotizantes. Otro escenario. Optimismo y solo diez mil millones. Calderilla para esta crisis. Un importe cuarenta veces inferior al del shock financiero. Y es que hay juego. Tenemos estructura. Solo necesitamos tiempo, oxígeno y mucho sentido común.

Por Venancio Salcines Presidente de la Escuela de Finanzas

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
9 votos

Reconstruyéndonos