Las sombras del Ibex

Cuatro amenazas se han apoderado de los salones de la bolsa española. Entran por todas las ventanas, impulsados por aquellos que obtienen sus mayores beneficios ante las caídas bursátiles.


Los fondos que operan en corto, los osos del mercado, le han quitado las bisagras a las ventanas del parqué, ya no hay resistencias, el frío helado, que acompaña a los temores del inversor, está entrando sin oposición, expulsando, un día sí y otro también, a los que creían que encontrarían algún retorno en la inversión bursátil.

La crisis bancaria, el desplome del precio del petróleo, las dudas sobre la deuda y el enfriamiento económico de China son los cuatro focos de incertidumbre y, mire como se les mire, no parecen que vayan a amainar en el corto plazo.

La banca italiana, al igual que alguno de los grandes europeos, como el Deustche Bank, está en entredicho y detrás de todo ello subyace una amenaza aún mayor y que engloba a toda la eurozona, la dificultad del sistema bancario para obtener beneficios. Los tipos extremadamente bajos han metido al sector en una especie de ciénaga de la que solo podrá salir con un repunte inflacionario o un crecimiento significativo del crédito familiar. Ambas situaciones se ven lejanas.

Por mucho que algunos quieran ver la caída del precio del petróleo como una consecuencia del enfriamiento económico mundial, lo cierto es que el futuro del precio del barril se encuentra en los salones de Viena, en las aparentes negociaciones de Al Assad con su oposición militar. El futuro del crudo necesita que la guerra fría a la que han sometido Arabia e Irán a Oriente Próximo, baje su conflictividad un par de niveles. Sabremos que esto está ocurriendo cuando el conflicto sirio y yemení entre en una fase de pacificación ¿Cuándo ocurrirá? No se sabe, puede ser mañana o dentro de un año, o nunca. 

La prima de riesgo, esa gran olvidada, a la que ya habíamos dejado de invitar a nuestras tertulias domésticas, vuelve a llamar a la puerta. Sacude los pomos de los mercados italianos, griegos, portugueses y españoles. Sí, españoles. Volvemos a estar más cerca de los doscientos que de los cien puntos básicos. Risas, fuera. Los mercados desean saber qué va a ocurrir con nuestro déficit público, cuáles van a ser los ejes de nuestra política económica y es evidente que no hay nadie para contestar ¿Quién puede responder lo que no se sabe?

La fuga de capitales desde los mercados chinos hacia los occidentales, especialmente los estadounidenses, es la pesadilla que les rompe el sueño a los jerarcas de Pekín. En año y medio el Banco Popular de China ya ha desembolsado cerca de ochocientos mil millones de dólares y nada indica que esta cifra no vaya a seguir creciendo. El gigante asiático ha entrado en una crisis de cambio de modelo, de la que solo saldrá mutando su estructura económica, dejando de ser un país fábrica, para ser una nación con demanda interna, sustituyendo los motores externos, las exportaciones, por los nacionales, el consumo doméstico. Ha de recorrer una larga travesía del desierto y mientras el mundo no lo entienda y asimile, su metamorfosis será un foco permanente de inestabilidad financiera. 

Y si alguien tiene dudas de que esto es así y no de otra manera, solo tiene que hacer la prueba del nueve para comprobar que el cálculo no es equívoco, es decir, ha de mirar para la Reserva Federal. Janet Yellen tiene muy claro que la economía mundial, arrastrada por la ralentización china, se está enfriando, y en este marco, una subida de tipos en Estados Unidos podría ser perjudicial no solo para la estabilidad financiera mundial sino para la propia economía norteamericana. Les toca, en Washington, aplicar a la política monetaria aquello de vísteme despacio que tengo prisa. 

Si le gusta mirar al cielo económico, estas son las cuatro grandes nubes que nos sobrevuelan. Ahora solo toca no quitarles el ojo de encima, y mientras tanto, tener a mano la ropa de abrigo.?

Por Venancio Salcines Presidente de la Escuela de Finanzas

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