Mercado común y desigualdad

El Instituto Nacional de Estadística hacía públicas, a principios de año, sus estimaciones de la renta de los hogares para el 2012. Con estos datos se puede disponer de una radiografía precisa que nos permite contestar a una pregunta que se vienen haciendo desde Cataluña: ¿España les roba?, o bien ¿ hace Cataluña un esfuerzo solidario excesivo?


Para contestar a estas preguntas, el INE ofrece dos magnitudes básicas: la renta familiar primaria y la renta familiar disponible final ajustada. La primera de ellas es aquella de la que dispone por término medio un ciudadano de cada comunidad autónoma, bien sea por los rendimientos de su trabajo, por rendimientos empresariales u otras rentas (alquileres, dividendos, etc.). Esta renta primaria recoge el nivel de riqueza que se genera en cada territorio dividido por su población. Pero no debe ignorarse que son rentas que, a día de hoy, dependen de actividades desarrolladas en un mercado común dentro de España.

La segunda de ellas, que para abreviar llamaremos renta disponible, modifica la renta primaria deduciendo por una parte de la misma los impuestos y cotizaciones pagados, y, por otra, añadiendo a la misma las transferencias recibidas (pensiones, desempleo) y una estimación del valor de los servicios públicos en especie suministrados en ese territorio (sanitarios y educativos, por ejemplo). La renta disponible nos informa de cómo se modifica la renta primaria después de la intervención del sector público español.

La primaria lo es antes de que actúe el Estado, y tiene su origen en las actividades realizadas en el marco del mercado común español. La disponible es resultado de la intervención del Estado para reducir las desigualdades sociales (en pensiones, sanidad o educación) entre los españoles, para que todos los ciudadanos -catalanes o gallegos, vascos o andaluces, en especial los de menor renta primaria- tengan acceso a bienes y servicios que se consideran básicos.

En un primer recuadro presentamos ambos datos: renta primaria y disponible en un índice que toma como referencia el valor medio español igual a 100. En el 2012, de entre las regiones consideradas, Madrid sería la región española más rica en cuanto a renta primaria, seguida del País Vasco y de Cataluña. Galicia y Andalucía son regiones mucho menos ricas.

Quiere esto decir que dentro de la economía española la actual libre circulación de factores (mano de obra, capital, materias primas, recursos naturales) productivos y mercancías provocaría una notable desigualdad territorial. Una notable desigualdad que además se prolonga en el tiempo, ya que no es previsible que las rentas primarias medias por habitante dejen de presentar diferencias como las observadas. Madrid casi duplica a Andalucía.

En el recuadro, observamos como la renta disponible corrige, solo en parte, esta desigualdad inicial. La actuación del Estado (no solo central, también gobiernos autónomos y locales) provoca un empeoramiento relativo de las regiones más ricas y una mejora de las menos ricas. En un primer gráfico presentamos estas variaciones porcentuales: de la renta primaria inicial a la renta disponible final.

La región que realiza un mayor esfuerzo de cohesión territorial de entre las consideradas es Madrid. Pierde casi dieciocho puntos de nivel de renta media por habitante respecto a la media española, de casi un nivel de 138 a otro de 120 (unos setecientos euros menos por habitante después que antes de la intervención del Estado). 

Respecto a este nivel de esfuerzo, el realizado por Cataluña es de la tercera parte de intensidad reduciendo su índice en algo más de seis puntos porcentuales (de 119 a 112), perdiendo nivel relativo (aunque no se modifica su tercera posición). ¿Existe algún motivo para que desde Cataluña se pueda considerar excesivo este esfuerzo de cohesión en favor de las regiones menos ricas? A la vista de los datos una cosa parece clara: solo si se ambiciona la situación del País Vasco.

Porque el País Vasco, siendo la segunda comunidad autónoma española más rica, lejos de reducir algo su nivel de renta primaria a disponible, como si hacen Madrid o Cataluña, aún lo mejora más. Pasa de 129 a 131 con lo que consigue hacerse con la posición de la región más rica de España en renta disponible final.

Es obvio que si las regiones españolas más ricas imitasen al País Vasco las mejoras que registran Andalucía y Galicia serían imposibles. Si así fuese el Estado dejaría de reducir las desigualdades personales y territoriales en la distribución de la renta.

Y este es justamente el centro de la cuestión. Cuando desde Cataluña se reclama un pacto fiscal que los aproxime al tratamiento del País Vasco -y los aleje aún más del Madrid- lo que se está reclamando es un empeoramiento relativo de las regiones menos ricas (y un deterioro de la desigualdad social en España). Porque, si lo que se defiende es una mejora de la cohesión territorial y social en España, lo que habría que reclamar es una homologación de la situación de las regiones más ricas de España (en primerísimo lugar del País Vasco) como mínimo con la actual situación de Cataluña (descontado el excepcional caso de Madrid).

Y, podría preguntarse el lector, ¿por qué motivo las regiones más ricas tendrían que mantener o reforzar su actual esfuerzo de cohesión territorial en vez de reducirlo? Al menos por dos motivos. 

El primero porque, en la actualidad, las desigualdades territoriales no se están reduciendo de forma muy intensa. Observe el lector que la situación inicial en renta primaria entre la más rica -Madrid- y la menos rica -Andalucía- difiere en 9.800 euros por habitante, mientras que en la renta disponible final aún lo hace en 8.500 euros (ahora entre País Vasco y Andalucía). No parece esa una reducción excesiva de las desigualdades.

El segundo motivo podría argumentarse de distintas formas. Tiene que ver con el hecho de que las rentas primarias de las regiones más ricas no se generan allí por gracia divina. En buena medida proceden de las opciones privilegiadas de negocio de que disfrutan las regiones más ricas, respecto a las regiones españolas que lo son menos, en un mercado común como el español (antes con la peseta y ahora con el euro). 

Para el caso de Cataluña esto puede visibilizarse en la cuantía de su balanza comercial positiva con el resto de España tal como recogemos en un segundo gráfico. Porque esos casi trece mil millones de euros de superávit comercial que la economía catalana anota con el resto de España no son ajenos a que Cataluña tenga una renta familiar primaria de casi 119 sobre 100. No son ajenos porque el saldo comercial positivo que Cataluña obtiene en el mercado común español es muy superior al que esa economía regional obtiene fuera de España (es decir con todo el resto del mundo). 

Un mercado común, geográficamente no muy extenso, es el que Cataluña tiene con el resto de España. Aunque sí les es muy provechoso. Pero que conlleva unas obligaciones de cohesión. Obligaciones que no pueden considerarse excesivas a tenor de lo revisado en nuestro análisis.

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