Controlamos máquinas en Plutón, pero el wifi no llega al final del pasillo

Muebles, otros aparatos, paredes e incluso techos si vivimos en una casa de varias plantas obstaculizan la señal emitida por el «router». Conseguir una cobertura estable y optimizar las conexiones inalámbricas domésticas es posible 

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A no ser que habitemos en una vivienda, más mediana que grande, distribuida de tal forma que el salón o el estudio ocupen físicamente el epicentro de la casa, es bastante probable que en algunas habitaciones nos resulte completamente imposible conectarnos a Internet a través del wifi. Este tipo de conexiones permiten el acceso a la Red de forma inalámbrica. Y lo hacen a través de un punto de acceso, generalmente instalado en la sala de estar o en alguna otra estancia de uso común. Ideadas para conectar ordenadores a distancias reducidas, su explotación a mayor alcance está expuesta a un excesivo riesgo de interferencias, el gran dolor de muelas de un mundo, el de las tecnologías de la información, masificado de dispositivos y al que los cables le suenan ya al siglo pasado. Porque, ¿cómo es posible que el hombre pueda manejar drones que captan imágenes por encima de las nubes, activar con ellos artefactos explosivos, manipular robots a lo ancho y largo del espacio exterior y las pase canutas, sin embargo, para consultar sus redes sociales al fondo del pasillo?

La teoría explica que son muchos los factores que intervienen en la manera en la que fluyen estas señales. Que a cuantos más obstáculos, menos red. Que la intensidad se ve afectada por los muebles, otros aparatos, paredes e incluso techos -si nuestra morada tiene dos o más plantas- que se interponen en su camino. Así que, sin visos a mudarnos a un loft despejado que nos solucione el problema de lo obstáculos, desglosamos los mejores consejos y algunas soluciones para desahogar el wifi y extender al máximo la cobertura.

Ubicación del «router»

El enrutador o encaminador de paquetes -en jerga española- es el dispositivo que proporciona conectividad, que envía las señales. Lo ideal es que esté colocado en un lugar céntrico, para intentar llegar a todas las esquinas de la vivienda, y en la estancia en la que más nos conectamos a Internet. Mejor si su ubicación es elevada -sobre un mueble o una balda-, ya que las ondas se propagan hacia fuera y hacia abajo, y despejada, sin objetos alrededor que minimicen su cobertura. Es recomendable distanciarlo de teléfonos inalámbricos, microondas u otros aparatos sin cables que recurren al bluetooth y que generan interferencias. También de objetos metálicos, como cajas de herramientas. Lejos de las esquinas, nunca detrás de las puertas y con las antenas siempre verticales. En ángulo recto con el suelo. Si la casa cuenta con varias plantas y muros gruesos y consistentes, lo más inteligente es instalar el router cerca del techo del piso inferior o cerca del suelo del superior. El hueco de la escalera es una óptima opción. Para dar con el emplazamiento más adecuado, lo mejor es ir probando varios. Escrutar desde dónde llega mejor la señal, en qué lugar es más intensa y tener localizados los puntos en los que es más débil.

Mudarse de canal

En los últimos cinco años, estas redes se han multiplicado como setas. Seguramente si ahora intentas conectarte desde el móvil a tu wifi doméstica, el teléfono desplegará en su pantalla una interminable lista de opciones. Después de repasarlas durante algunos segundos, encontrarás la tuya. Lo que esta aglomeración demuestra es que es bastante probable que estemos compartiendo canal con la red de algún vecino. La mayoría utilizan el mismo por defecto. Y esto ralentiza la señal. Para solventar este pequeño, pero entorpecedor detalle hay que ajustar el router, buscando los canales menos congestionados. Existe un amplio abanico de aplicaciones, como por ejemplo Wifi Analyzer, que nos guían a la hora de elegir canal. Para proceder al cambio, debemos consultar con nuestra operadora cómo se accede a este aparato emisor o consultar el manual de instrucciones.

Extender la señal

Si ni así consigues ni una sola rayita en el icono que calibra la cobertura cuando consultas el móvil desde la cama al irte a dormir, es hora de plantearse dar un paso más e instalar un aparato extra que amplíe la señal. Conocidos como repetidores, son dispositivos que aumentan el alcance sin necesidad de cables. Reciben la señal de nuestra red inalámbrica y la emiten con una potencia mayor, la extienden hacia zonas muertas, en las que es demasiado baja o incluso inexistente. Son fáciles de instalar, de configurar y de utilizar. Solo requieren un enchufe. Hay además en el mercado una amplia variedad de marcas para escoger -Cisco, Netgear, D-Link, TP Lynk o Anker, aunque siempre será mejor que comparta factura con el router por temas de compatibilidad- sin necesidad de hacer un desembolso exagerado. Los más rentables rondan los 60 euros. 

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