La meteorología permitió que los percebeiros disfrutaran al máximo de su trabajo
04 jul 2019 . Actualizado a las 18:18 h.La marea baja ayer en la costa de Corme era a las 11.20, pero hora y media antes los percebeiros de la localidad ya estaban en faena raspeta en mano. Por mar, el viento levantaba bastante tirada de ola y los de a flote no pudieron trabajar muy cómodos. Sin embargo, los de a pie, a tres días de su gran fiesta, se puede decir que disfrutaron de lo que es extraer percebe en las rocas de O Roncudo, que están entre las más emblemáticas de Galicia. Ni siquiera necesitaron agotar el límite de tiempo que tienen para coger todos el tope de seis kilos de un producto, además, de la máxima calidad.
«O traballo dos vixiantes nótase, aínda que dous son moi poucos para toda a costa que temos. As pedras aínda criaron bastante ben, porque a verdade é que quedan moi traballadas. Esta costa, se se respecta, dá. É coma un cabazo ou unha neveira. Se todos os días sacas e non metes, acábase», explica José Luis Toja Fuentes, que a punto de cumplir los 70 años -«no carné eh!, que de espírito son tan novo coma vós-, tiene el pérmex más antiguo de la agrupación y recuerda los tiempos en los que «non eras quen de saltar ás pedras sen pisar os percebes». De ahí que anime a los jóvenes a aprender «porque isto non é Harvard, pero o tempo é o mellor mestre que hai e eu sempre digo que o que sabe facer ben o traballo e o fai mal, é un indesexable», recalca.
«Para mí, esto no es un trabajo, es una pasión, lo vivo. Aunque cuando vamos a zonas como la Percebellosa cuesta escalar por esos caminos, la verdad es que no me cuesta nada levantarme para ir a trabajar», dice Jonathan García Cañoto, que con 29 años solo lleva uno en el oficio, pero con la idea clara de seguir. Estos días y los precios, de hasta 80 euros, lo animan. «Levantas un poco la paleta después de todo el invierno, que hay que pagar autónomos y demás y se hacen muy duros», concluye el joven mariscador.