Las mujeres de las fábricas conserveras gallegas cuentan su historia

Mujeres que trabajaron en las fábricas de Boiro y Camariñas relataron sus vivencias profesionales en una mesa moderada por la historiadora Encarna Otero


redacción / la voz

Trabajadoras de la conserva protagonizaron una nueva edición del encuentro Café da Memoria, celebrado este jueves en la sede del Museo do Pobo Galego, en Santiago de Compostela. Mujeres que trabajaron en las fábricas de Boiro y Camariñas relataron sus vivencias profesionales en una mesa moderada por la historiadora Encarna Otero: «Se estas mulleres non contaran a súa historia, as súas vidas laborais non existirían». «Galicia tivo a súa propia revolución industrial coa conserva. As súas traballadoras foron as sindicalistas do mar do século XX», asegura Otero mientras muestra un cartel publicitario en francés con el que la fábrica Caamaño y Cía mostraba sus productos en el país galo.

Lola, Maruja, Isabel y Elsa desgranan anécdotas y recuerdos. Isabel entró a trabajar en la fábrica con solo 13 años. 52 años de vida laboral por los que solo cotizó 15. Nada más retirarse empezó cobrando una pensión de 410 euros. Ahora cobra 624. Lola se metió en la conserva cumplidos los 42, «para ayudar a pagar autónomos», explica, porque también trabajaba como panadera. Maruja rondaba los 40 cuando empezó en el sector. Antes cosía y bordaba. Elsa, por su parte, pasó su adolescencia, de los 15 a los 18, en una fábrica de congelados. Todas ellas hablan de horarios... de entrada, pero no de salida. Eso sí, matizan, las horas extra se cobraban. Y no había vacaciones.

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