2004: Vilalba, un cruce con menos coches

El tráfico en el casco urbano se redujo notablemente al construirse la LU-861


VILALBA / LA VOZ

La condición de Vilalba como cruce de caminos era sabida hace años por muchos. Bastaba con pasar unas pocas veces por la localidad para observar que en la capital chairega confluían importantes carreteras del norte de Galicia, algo que condicionó la actividad económica y la vida cotidiana durante décadas. Llegó un momento en que se empezaron a construir circunvalaciones para que los cascos urbanos no soportasen tanto tráfico, y a Vilalba le llegó también ese momento, aunque en realidad fueron dos.

La construcción de la variante de la carretera de Ferrol (LU-861) se hizo realidad en julio del 2004. Las obras supusieron la construcción de una vía de unos dos kilómetros, con una inversión cercana a los cuatro millones de euros. Las empresas Necso y Sanjurjo ejecutaron la obra de la vía, que empieza en Sete Pontes y termina en Grandisca. De un lugar a otro, con sendas rotondas, hay unos dos kilómetros.

La inauguración de ese tramo, que se celebró el 19 de julio del 2004, tuvo una clara consecuencia, la disminución del tráfico en el centro urbano. Las retenciones no eran extrañas en la céntrica intersección de la rúa da Pravia con Campo de Puente y con Plácido Peña, en donde los camiones tenían poco espacio para maniobrar. A punto de abrirse, al alcalde de entonces, Agustín Baamonde, no le cabían dudas de que la villa sería más tranquila.

Había cifras que reflejaban bien la situación: de enero a finales de junio de se año, por el casco urbano habían pasado, según datos de la Policía Local, 430 transportes especiales, un 40 % más que en el mismo período del 2003. La obra, por otro lado, no solo alivió el tráfico en calles céntricas, sino que al tráfico procedente de Ferrolterra y de la parte occidental de A Mariña se le evitó el paso por el casco urbano vilalbés en viajes hacia Lugo u otras zonas de Galicia.

La consecución de una localidad con menos coches en su centro urbano ya había empezado en la década anterior, al construirse una variante de la N-634 entre Goiriz, solo a unos centenares de metros de donde comienza la LU-861, y Boizán. La obra de las dos circunvalaciones tuvo también otras consecuencias, puesto que los trazados de las antiguas carreteras pasaron a ser, aunque en distintos momentos, de titularidad municipal tras la ejecución de obras de mejora.

Por lo que respecta a la carretera de Ferrol, el Concello logró, no sin polémicas con la Xunta, que se reparase el firme, se mejorase el cruce con la vía que conduce al área recreativa de A Magdalena o se potenciase la seguridad en Ponte dos Freires. La circunvalación de Sete Pontes a Grandisca no solo completó el proceso comenzado en la N-634, sino que situó a Vilalba ante otra situación, la de convertirse en nudo de autovías tras haberlo sido de carreteras. Pasaron años, y por la rotonda de Grandisca no solo discurre la LU-861 sino que confluyen la autovía del Cantábrico (A-8) y la AG-64.

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