«Yo casi me crie en la Ventoeira»

Xosé María Palacios Muruais
XOSÉ MARÍA PALACIOS VILALBA / LA VOZ

VILALBA

La sala, con sus actuaciones y con su ambiente, fue una referencia que contrasta con la ruina del edificio

13 jun 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

«Suso [Gayoso] era como si fuese mi padrino». Así explica Charo Carreira su relación con el empresario que abrió en Vilalba, a mediados de los setenta, la sala Ventoeira. La relación acabó siendo casi familiar tras haber empezado por razones profesionales relacionadas con su familia. Su padre, Jaime Carreira, comenzó a trabajar de encargado, y tanta fue su relación con el local que pasó a ser conocido como Jaime da Ventoeira.

Ese vínculo familiar hizo que su relación con el local resultase cotidiana. «Yo casi me crie allí», dice. La edad le imponía ciertas limitaciones: llegó a ver algunas actuaciones, pero no desde la sala sino desde la zona privada del local, y al acabar se iba a casa. Llegó un momento en que ya pudo entrar en la sala: «Ir a la Ventoeira, en aquellos tiempos, para una chica era ser una mujer». Eran, agrega, tiempos en los que los chicos sacaban a bailar a las chicas.

El poder de convocatoria de la sala era grande, tanto como su condición de escenario propicio para fomentar relaciones: Carreira cuenta que gente de otras localidades -As Pontes o Castro de Ribeiras de Lea, por ejemplo- le dice que conoció a su pareja en la Ventoeira.

Años después, a finales de los noventa, el vilalbés José Rouco, en compañía de un socio, se animó a coger la sala en alquiler. «Daquela, aínda traballaba con bastante xente», dice. Las instalaciones todavía se conservaban bien, aunque antes de iniciar la actividad realizaron unas obras en las que gastaron algo más de 20 millones de pesetas (actualmente, 120.000 euros). Él estuvo unos dos años, y terminó por dejar el negocio, en el que su socio siguió algo más. Fueron los penúltimos al frente de la sala; después, aunque por breve tiempo, hubo otras personas encargadas antes del cierre definitivo.

Rouco y su socio tuvieron una temporada buena, con unos diez empleados. Algún sábado, cuenta, la recaudación podía ascender a 400.000 o 500.000 pesetas (actualmente, 2.400 o 3.000 euros); sin embargo, competir con Troco -discoteca montada en el Hotel Villamartín, también cerrada hoy- resultó imposible.

«No seu tempo era cousa seria», dice Rouco sobre la discoteca, que en su época se llamaba Pay-Pay. Charo Carreira reconoce que verla restaurada y reabierta sería un sueño frente a la ruina actual. Por ahora, en cambio, uno de sus recuerdos más recientes es haber visto cómo la gran bola que decoraba la zona central estaba rota.

Impacto en un ambiente antes limitado a verbenas

Una sala como la Ventoeira tuvo durante años unas instalaciones alabadas por quienes las dirigían y por quienes las frecuentaban. Pero hay que recordar que su apertura supuso además un contraste: «Foi descubrir algo novo. Aquí non había nada diso; só había as festas de verán e pouco máis», recuerda Ángel Ramil, secretario del Consello Regulador de la Denominación de Orixe San Simón da Costa. «Foi realmente un bum», agrega.

La asociación Peña Novo organizó en el local un exitoso concierto de Gwendal

Por la Ventoeira pasaron artistas muy variados. Charo Carreira recuerda que le impresionó ver a Boney M, y José Rouco cita a Azúcar Moreno y a Cañita Brava como actuaciones contratadas en su época. Hubo además un concierto que causó sensación, que fue un reto y que terminó resultando un éxito: todas esas circunstancias se dieron en la actuación ofrecida en la sala por el grupo de folk Gwendal, que estuvo en la capital chairega en 1981 por iniciativa de la Agrupación Cultural Lois Peña Novo.

El grupo era entonces una banda de éxito en el panorama folk, en el que daban sus primeros pasos festivales como el de Ortigueira o el de Pardiñas (Guitiriz), y ya había publicado algunos discos. Esa fue la principal razón por la que la asociación decidió organizar el concierto, como explica Afonso Baamonde, entonces tesorero.

Contratar al grupo suponía un desembolso de 200.000 pesetas (hoy, 1.200 euros), más otras 100.000 (600 euros) por el alquiler de la Ventoeira y otros gastos más que situaban el prespuesto total en 400.000 pesetas (actualmente, 2.400 euros).

El colectivo tenía cierta experiencia en la programación de actuaciones, pues había gestionado algún concierto: también tenían que ver con el folk, con el salón de actos del IES Basanta Silva, único que había entonces en la localidad, como escenario. El reto no desanimó a los responsables de la asociación, que cogieron sus coches, metieron dentro cola y carteles y empapelaron buena parte de la provincia y hasta de A Coruña para anunciar la actuación.

Unas 2.000 personas acudieron al concierto, recuerda Baamonde, que, en cambio, no sabe precisar si la entrada costó 200 o 250 pesetas. Lo que sí recuerda es que la asociación cubrió holgadamente el presupuesto y logró un superávit que engordó su capacidad económica. «Foi unha operación ‘virguera’», asegura. «Cando fixemos as contas, demos brincos de ledicia». dice

También lo fue, explica, para Suso Gayoso, dueño del local. No solo cobró el alquiler, sino que además, dada la afluencia de público, hizo una buena recaudación en la barra del local. Lo celebró con los organizadores, cuenta Baamonde: «Despois do éxito, convidounos a unhas copas de champán».