Un bar y una tintorería sufrieron sustracciones de cantidades de dinero
21 nov 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Los cacos trabajaron con afán en Vilalba en la noche del jueves al viernes. No lograron su objetivo en todos los casos, pero sí visitaron tres locales y se llevaron sendas cantidades de dinero en dos de ellas. Dos de los negocios están próximos entre sí, y los tres, en el centro urbano.
El robo más aparatoso se produjo en un restaurante de la Rúa Plácido Peña. Los autores se llevaron el dinero de la máquina tragaperras y el que se suele dejar en el local para devolver cambio a los clientes. La cantidad no fue muy elevada, pero sí parece claro que el dinero era lo que buscaban en el interior: no se llevaron botellas ni tabaco. El dueño se dio cuenta de lo sucedido por la mañana, cuando llegó al local y vio los desperfectos sufridos.
Por la parte trasera
Parece que el acceso al negocio se efectuó por una ventana de la parte trasera, que da a la Rúa das Pontes. Los autores entraron por una ventana, para lo cual usaron una escalera que les permitió salvar la diferencia de altitud entre el nivel de la calle y el negocio a cuyo interior entraron.
El otro robo tuvo como negocio afectado una lavandería de la Praza da Constitución. En ese caso, también el acceso al interior se efectuó forzando una ventana. El botín consistió en una cantidad de dinero, parece que no muy elevada, sin que en el local se echasen en falta utensilios con los que se trabaja o prendas dejadas para su limpieza.
Por otro lado, un robo que se quedó al final en un intento fue el relacionado con un bar de la Rúa Cidade de Viveiro, a pocas decenas de metros del restaurante en el que sí se cometió una sustracción. Los autores intentaron entrar por la parte superior de la puerta principal, que es de cristal y en la que llegaron a causar algún destrozo. Sin embargo, la dificultad de pasar por ese hueco debió de ser la razón que los llevó a renunciar a entrar.
La cortina que la puerta de entrada tiene por dentro apareció movida ayer por la mañana, por lo que los responsables del establecimiento suponían que alguien había llegado a meter al menos el brazo en el interior.