Mentiras peregrinas

Marta Valiña ENVIADA ESPECIAL

TRIACASTELA

Perder la noción del tiempo en O Cebreiro es inmediato. Perder la noción del frío, una misión imposible. Salvo que se llegue caminando. Al menos eso han vivido Ángeles y Manuel, dos ferrolanos que ayer iniciaron su Camino, precisamente para matar el tiempo, y alcanzaron el santuario de Santa María desde la leonesa Vega de Valcárcel. Para esta pareja era su primera vez (peregrinamente hablando) y, aunque entrenaron durante dos semanas (tres horas y 20 kilómetros al día de caminata «para dar de sí estas malditas botas») confiesan que la subida desde A Faba, superando desniveles del 25%, fue «un auténtico infierno». Los amigos que les recomendaron la experiencia les «mintieron». «Nos habían dicho que la subida era dura, pero fue mucho peor. Ni siquiera notábamos el frío, y al final nos sobraba todo, el abrigo, la mochila, la sudadera...». Y eso que ayer los termómetros apenas superaron los cinco grados. También les advirtieron (otra mentira) de que apurasen el paso y llegasen cuanto antes a O Cebreiro, no fuese a ser que no tuviesen sitio en el albergue y les tocase pasar la noche al raso. «Por eso elegimos el mes de febrero, queríamos evitar las masificaciones que en teoría habría, porque es Año Santo, y que seguro que habrá en el verano. Pero aquí estamos, los dos solos. Solos hicimos esta etapa, solos nos sentimos todo el Camino, y parece que solos vamos a pasar la noche». Solos continuarán hoy hasta Triacastela, 21 kilómetros _«mucho más llevaderos, según nos dijeron, y esperamos que no nos hayan mentido otra vez»_ en los que, una vez más, perderán la noción del tiempo. Y del frío.