David Amor: «Me he vuelto un poco 'hippy' con la pandemia»

David Amor vuelve a casa, y con la emoción de quien lo hace con un nuevo texto bajo el brazo. «Me gusta mantener la magia de cara a la gente», asegura

El humorista David Amor presenta nuevo espectáculo
El humorista David Amor presenta nuevo espectáculo

Aunque reconoce que durante el confinamiento también tuvo días en los que estuvo «seta», David Amor (Salceda de Cachelas, 1980) conserva intactas las ganas de reírse y de hacer reír. Superado un confinamiento en el que arrancó a muchos una sonrisa con los vídeos en los que mostraba cómo se le rompían todos los guantes que intentaba ponerse, el próximo jueves 20 de agosto llega al Sarria Sorrí con su nuevo monólogo, 1, 2, 3... Probando, que él define como «el espectáculo más sincero del mundo».

­-El jueves llegas a Sarria.

-Sí, tenemos el Sarria Sorrí, que creo que está muy bien puesto el título. Estamos dentro de una programación muy chula, la verdad, que les costó mucho esfuerzo sacar adelante. Es un placer.

­-Y falta nos hace sonreír en este momento, ¿no?

-Bueno, yo soy de los que piensan que reír siempre hace falta. ¿Cuándo te viene mal reír? Reírse siempre apetece, ¿no crees? Si te va mal te lo pide el cuerpo, y si te va muy bien, también mola mucho. Da mucha alegría.

­-¿Hay que apoyar las actuaciones con medidas y mucho cuidado?

-Yo la verdad es que ahí estoy superperdido, no sé qué es necesario ni cuál es el punto. Yo en este caso, una cosa que saqué de la pandemia, es que lo primero es la salud y las vidas humanas. El sentido común no es todo lo común que debiera, así que si se puede trabajar, bien. Pero si no, también bien. Yo creo que me he vuelto un poco hippy con esto de la pandemia. Creo que igual hay que replantearse un poco la sociedad, perder cosas para poder ganar otras, como la calidad de vida y ser más humanos todos.

­-¿Aprovechaste el confinamiento para hacer nuevos textos?

-Lo pasé en mi casa en Pontevedra y tratando de luchar contra la cabeza, que es lo que peor llevamos todos. Con mis momentos de depresión, mis momentos de tranquilidad, de euforia… como todo el mundo. Cuando estaba bien trataba de ser un poco más creativo, pero no hice mucho. Había un trasfondo de preocupación, de a ver qué pasa, y de esperar.

­-No te llevaste al humorista a casa entonces.

-No, no, en casa me permito muchos momentos de ausencia, digamos. Si no, sería una locura. Sí que soy una persona alegre y creo que se vive mejor así, pero también hay momentos en que estoy seta. Lo que sí me gusta un poco es mantener esa magia y no mostrar esa cara a la gente. Hay días que a lo mejor estás mal y cuelgas un vídeo de coña. La gente tiene sus problemas, no necesita que yo les cuente los míos.

-¿Y qué te pasó con los guantes, que los rompías todos?

-¡Ja, ja! Sí, bueno, ya era una desgracia que padecía en las gasolineras. Son pequeñas bromas que utilizabas en el día a día para que la gente se riera. A mí los guantes normales me quedan a tres cuartos, me cubren hasta la mitad de la palma de la mano. No está la cosa preparada para eso, ¡ja, ja!

-«1, 2, 3… probando» es tu nuevo monólogo. ¿De qué hablas esta vez?

-Sí, es una forma de llamarlo. El 80 % del texto es nuevo, estamos ahí asentándolo. Siempre tienes como esos nervios, y es muy curioso porque también se junta que ha pasado mucho tiempo sin actuar. Pero está siendo muy emocionante. Y va de que no conozco nada de los sitios a los que voy a trabajar. Esa es la excusa, y a partir de ahí explico por qué. Un recurso típico del monologuista es hacer bromas y chistes, referencias de los sitios a los que vas. Y entonces yo entro un poco con eso. Es el espectáculo más sincero del mundo.

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