Una fortaleza con mucha dulzura

SARRIA

Un grupo de niños de Sarria construyeron un castillo con galletas y chocolate en un acto organizado por el Salón de Otoño en La Unión

08 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

sarria | Arte, Historia y repostería se dieron la mano en el original acto organizado por el Salón de Otoño. La experiencia consistió en que un grupo de niños tuvo que confeccionar un castillo con galletas y chocolate.

El principal objetivo era pasar una tarde divertida, pero al mismo tiempo la confección de la fortaleza se hizo con la mayor rigurosidad y bajo la supervisión del artista local José Díaz Fuentes.

El comienzo del acto estaba estudiado de antemano, las cuatro de la tarde, una hora en la que todos acababan de comer y resultaba más sencillo resistir la tentación de probar alguna de las tentadoras golosinas con las que se confeccionó la obra de arte.

El primer paso fue preparar la cimentación y para ello ya estaban diseñadas dos grandes piezas cilíndricas de esponjoso y a la vez sólido bizcocho diseñadas hasta el último detalle para servir de base.

Los arquitectos decidieron entonces comenzar la confección del cemento, en este caso chocolate, para lo que contaron con una cocina de cuatro fuegos que al principio dio problemas, pero luego funcionó como la seda.

Una vez que estuvo a punto la masa todo fue más sencillo. Uno a uno los sabrosos ladrillos de galleta se fueron colocando, sujetados por vigas maestras en forma de suculentas tortas de dulce y para los adornos había para escoger, desde las típicas palmeras a gominolas o también galletas de distintos sabores y formatos.

La construcción fue subiendo con rapidez minuto a minuto, con el único problema de que al acercarse la hora de la merienda se ralentizó el ritmo al desaparecer misteriosamente incluso alguna viga maestra con mucho cemento en el trayecto desde su elaboración hasta que tenía que colocarse.

Al final el castillo de golosinas superó sin demasiados problemas la hora de la merienda y a media tarde ya estaba casi finalizado y dispuesto a ser derribado por sus ávidos constructores.

No hizo falta animar a los obreros para que cobraran su trabajo en suculentas especias y pocos minutos después de haber admirado la apetitosa construcción no quedaba casi nada de ella en la mesa. Ni los vikingos de Catoira son capaces de llevar a cabo una destrucción tan minuciosa.

Al final la caída de la fortaleza fue celebrada por todos y los 50 niños y sus profesores disfrutaron de una experiencia muy divertida y única que seguro que querrán repetir.