LA TRIBUNAJESÚS GARCÍA BERNARDO | O |
22 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.CUANDO UNO se levanta temprano, para llevar a cabo con cierta premura su actividad laboral no mucho tiempo después, una de las cosas que peor le pueden sentar es comprobar, no sin cierto horror, cómo la apertura del grifo delata un corte en el suministro acuífero. Y es que tener que asearse, aun mínimamente, merced a la utilización de variasa botellas de agua mineral, ocasiona un inmediato y desagradable recuerdo de las autoridades municipales y den sus ancestros.El caso es que lo acontecido días pasados en el casco urbano de la villa de Sarria -y no es la primera vez- evidencia la necesidad de proceder a una renovación de la infraestructura tan esencial como es la del suministro de agua potable. No es que las instalaciones se hayan quedado obsoletas, sino que la capacidad de almacenaje no es capaz de hacer frente al mantenimiento del suministro ordinario más allá de seis o siete horas, y eso que la avería se produjo en plena noche, cuando, es de suponer, el consumo está en su cota más baja. Si un simple corte de energía eléctrica es capaz de provocar una situación como la vivida, más vale no pensar en lo que puede acontecer el día que se produzca una avería importante y a una hora punta. Se dice ahora que es preciso multiplicar por cuatro la capacidad del depósito radicado en San Fiz de Reimóndez y que la inversión necesaria sería de bastante relevancia.Es de desear que nuestras autoridades municipales tomen nota del asunto y que las mismas no se acuerden del tema de la misma forma que los ciudadanos nos acordamos de ellas y de sus ancestros cuando abrimos el grifo y nos encontramos con la desagradable sorpresa de que el líquido elemento no fluye. O lo que eslo mismo, no deben acordarse sólo de Santa Bárbara cuando truena.