En la cesta, una buena granizada

M. Pichel lugo / la voz

PORTOMARÍN

19 mar 2012 . Actualizado a las 11:54 h.

Un año más, preparar con mimo el aparejo. Nuevo sedal, nuevos cebos artificiales junto a los ya probados. Bien abrigado, y sobre todo, preparado para una lluvia que no había hecho acto de presencia en todo el mes de marzo. Tanto, que José Luis Gómez tuvo que cambiar su habitual orilla del Miño, aguas abajo de Portomarín, hacia una cada vez más alejada cola del embalse de Belesar por la intensa sequía.

A las nueve, recibimiento de tres grados y sensación térmica de alguno menos. Viento, granizo, y una retahíla de peces muerto a lo largo de la ribera. En toda la mañana, ni una picada. Ni un aviso. Ninguna trucha hizo el amago de exhibirse ante sus narices. Caso omiso al rapala; los destellos de la cucharilla, desapercibidos.

Por medio de las aguas, se atrevía un vecino, sobreponiéndose a las inclemencias del tiempo (agua encima y debajo), a la aventura del arte del curricán, más allá del lugar conocido como Seixón. Manuel Pardo tentaba a la suerte con su lancha individual y sí tuvo el premio deseado. Tres preciados trofeos: tres truchas de buen tamaño. Una más se le escapó cuando la subía a la embarcación.

A media mañana, descanso para reponer fuerzas. Quizás la tarde, a medida que el cielo se abría, resultase propicia. «El tiempo es bueno para que piquen», se repetía José Luis.

De vacío

Pero las truchas no hicieron amago de aparecérseles a quienes iban caña en mano, gastando metros de orilla. En la cesta, solo granizo.