Indignante

Javier García Calleja TRUBUNA

LUGO CIUDAD

Han transcurrido setenta y dos horas desde la celebración de la concentración de protesta contra el terrorismo en Barcelona, y aún se habla y se valora lo acontecido en ese acto en las múltiples tertulias de chigre de Lugo. Yo recalo en una de ellas, en la zona de San Roque.

Al lado de la barra, sobre la que reposan copas de vino de distintas tonalidades, media docena de amigos y conocidos opinan: «Fue vergonzosa la impunidad con las que, unos pocos, convirtieron la concentración de repulsa y de homenaje a las víctimas del terrorismo yihadista, en un acto en favor del independentismo», opinan unos. «Todo estaba preparado al milímetro», dicen otros. Lo cierto es que todos los presentes, sin excepción, están de acuerdo por una vez: «Lo de Barcelona fue indignante».

Pretender amparar los insultos producidos, durante la marcha, al Jefe del Estado (emanados de una minoría de borregos), bajo el cajón de sastre del «derecho de expresión», es como creerse lo de aquellos disparos «al aire» que la Policía hacía en algunas manifestaciones (no hace tantos años), con el resultado de muerte de algún asistente. El cinismo con el que actuaban los de aquella época es idénticamente igual al que hoy emplean los llamados «independentistas» catalanes, quienes actúan con total impunidad ante la pasividad de aquellos que deberían haber puesto freno a sus tropelías, hace algunos años.

Convertir una marcha de repulsa contra el terrorismo, y de homenaje a sus víctimas, en un acto independentista es una mezquindad, de la que deberían tomar nota los ciudadanos catalanes en evitación de verse, de pronto, en el abismo de un totalitarismo que marque sus vidas.

«Lo de Barcelona, fue indignante», estoy de acuerdo con mis compañeros de vinos. Pero igualmente «indignante» es que nadie haya dado un puñetazo encima de la mesa (desde aquel «de Cataluña lo que venga», del señor Zapatero) y haya dicho, «¡¡ basta!!, hasta aquí hemos llegado». Así nos va. Así vale todo.