Los jóvenes de Viveiro se echaron al monte para cumplir con su patrono

L.M. | B.A. VIVEIRO

LUGO CIUDAD

XAIME F. RAMALLAL

Los romeros ascendieron de madrugada cuatro kilómetros para coronar la cumbre viveirense Gente de A Coruña, Santiago, Lugo, Madrid, Vitoria o Asturias se sumó a la fiesta

16 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?legó el 15 de agosto y Viveiro volvió a echarse al monte. La tradición se repitió, como siempre. Los ánimos, sin duda predispuestos, comenzaron a caldearse por la tarde, con las pandillas de jóvenes calentando el cuerpo a ritmo de vinos por las tascas del pueblo. Por la noche les llegó el turno a las copas y los más precoces iniciaron la subida al monte San Roque, que el grueso de este singular pelotón festivo, empredió de madrugada. A pie, en coche, solos, los que más en pandilla o tomando atajos para llegar antes, todo sirvió. La ascensión a San Roque es un ritual imprescindible en las fiestas de Viveiro, una subida de cuatro kilómetros, con rampas de dureza que se soportan con buen humor y dosis moderadas, o no tanto, de alcohol. Coronar la meta Ya en la cima las pandillas tomaron el monte, en una mezcla heterogénea, donde prima la diversión. Cantando, bailando y bebiendo pasaron la noche. Algunos, cumplido con el ritual de la subida, decidieron bajar de madrugada. Otros se quedaron y vieron amanecer el día. Por la mañana el espectáculo resultaba paradójico, fundiéndose los últimos coletazos de la juerga con el espíritu religioso del día 16, San Roque. Así, mientras en la pequeña capilla del monte viveirense se oficiaba la misa, que daba paso a la procesión, el ritmo litúrgico se confundía con las bromas de los chavales, las gaitas y los rostros cansados y abotagados de una noche de juerga desenfrenada. Los hay que agotados se dejaban vencer por el sueño y no había ruido posible que los despertase, a pesar de que unos metros más allá una cuadrilla bailaba al compás de la música tecno procedente del casete de su coche. Poco a poco, a medida que transcurría el día, se iban desperezando. Ni siquiera la lluvia, que sorprendió a muchos romeros en torno a las doce de la mañana, pudo con sus ganas de pasarlo bien. El parte de daños de este año es escueto. «No tuvimos que hacer ningún tipo de intervención; todo transcurrió con total normalidad», comentaban desde la Policía local de Viveiro. Gente procedente de Vitoria, Madrid, Lugo, A Coruña, Santiago o Asturias no quisieron perderse esta cita tan especial. Muchos repetirán el año que viene porque, como bien decía una de las turistas: «No se puede venir a Viveiro sin subir a San Roque».