PENÚLTIMA | O |
28 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.LLEGADOS que son los fastos en honor del ingenioso hidalgo don Quijote, ningún pedido para el venidero año puede superar en nobleza ni ser de mayor provecho, así para el cuidado del cuerpo como del alma, que el desear que esta tierra desleída tome afición y gusto por los libros y, repudiado el mal uso de calzar con ellos la cómoda, nos regalemos con tantos ejemplares dignos de ser salvados del donoso escrutinio de fuego que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro caballero. En un lugar de Galicia de áureo nombre, los naturales deberíamos considerar la sustancia de sus nunca bien ponderados consejos, y más en tiempo de fiesta que parece festín de las bodas de Camacho, y si no atendemos la sesuda encomienda de comer poco y cenar más poco, pues la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago, menos aún moderamos el beber aunque el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra. Y dejando para más plática a curas y gobernantes, no haremos así con tantos que tan inclinados son por aquí a procurar el favor de aquellos, porque no columbran que las obligaciones de las mercedes recibidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre. (Y eso lo jode todo, aunque Cervantes no lo dijo exactamente así).