POCAS IMÁGENES más amargas y desoladoras de España que la que nos ofrece Cervantes en El Coloquio de los perros . Y sabía bien lo que se decía, él que era soldado, caballero y pobre. Ni siquiera en su magistral descripción de la cofradía sevillana de Monipodio, con las andanzas de la pareja de pícaros Rinconete y Cortadillo y toda su carga de crítica política y social se llega a tal nivel de desolación. es una novela verdaderamente ejemplar que nos cuenta la historia de ciertos pastores desleales, inspirada en un pasaje del Libro de Enoch, retomado luego por San Juan. Berganza toma conciencia del lenguaje, y así, en un primer milagro que es tomar conciencia de que tenemos conciencia, el can sabio nos relata su vida de perro pastor, y como una y otra vez, pese a sus desvelos, los lobos atacaban el rebaño que quería guardar, matando alguna oveja o carnero. Pero una noche, tratando de investigar cuál era el método que empleaban para burlarle, se quedó escondido observando la maniobra: «... y desde allí vi que dos pastores asieron a un carnero de los mejores del aprisco y le mataron de manera que pareció la mañana que había sido su verdugo el lobo: pasmeme, quedé suspenso cuando vi que los pastores eran los lobos, y que despedazaban al ganado los mismos que le habían de guardar. ¿quisiera yo descubrirlo, hallábame mudo¿ ¡quién podrá remediar esta maldad!». «¿Quién será poderoso a dar a entender que la defensa ofende, que las centinelas duermen, que la confianza roba, y que el que os guarda os mata?». ¿Será acaso la Comisión del 11-M? ¿Serán los jueces? ¿Quién será ese poderoso¿, quién será, será, el entendedor de este gal-i-matías ?