La Policía Científica aún no pudo entrar a revisar la nave por el intenso calor
30 jun 2015 . Actualizado a las 10:56 h.Un día después del incendio que calcinó el concesionario Renault de Becerreá, el dueño, José María Díaz, aún sacando fuerzas para asumir la desgracia, confiaba en poder reabrir el negocio: «Non sabemos cando, pero non temos outra opción que seguir adiante, é o noso medio de vida», aclaró. Las causas del fuego que el domingo arrasó el concesionario y taller -con una veintena de coches y furgonetas y material almacenado- todavía se desconocen. Agentes de la Policía Científica acudieron ayer por la mañana a revisar las instalaciones, pero, según explicó el propietario, ni siquiera pudieron acceder a la nave debido a que había numerosos focos de calor. Hoy tenían previsto regresar para iniciar las investigaciones. Los peritos también estuvieron revisando la nave y las viviendas colindantes, pero por ahora no hay una estimación de los daños.
El propietario del concesionario intentaba digerir ayer lo ocurrido: «Isto é moi duro, porque representa toda unha vida traballando, nós e meus pais, e nunha hora vaise todo ao garete, temos unha impotencia enorme», confesaba.
En Becerreá recordaban ayer el gran esfuerzo realizado por el empresario que fue uno de los primeros en abrir en la zona un concesionario de vehículos.
Por otra parte, aunque el fuego quedó extinguido el domingo por la tarde, un retén del GES de Becerreá hizo guardia toda la noche ante la nave y continuó durante la jornada de ayer. El teniente de alcalde, Claudio Vázquez, que también estuvo continuamente en el lugar, aclaró que los GES vigilaron y enfriaron los restos del inmueble: «Estiveron enfriando unhas bombonas de acetileno e as áreas onde hai máis papeis, que volven formar rescoldos a veces». El tejado de la nave se va desmoronando poco a poco y no se descarta que se desplome por completo, pero ya no hay riesgo para las viviendas colindantes. Algunas de ellas han sufrido daños en las persianas y ventanas, pero los vecinos ya habían podido regresar a sus casas el domingo por la tarde.
El propietario del concesionario intentaba digerir ayer lo ocurrido: «Isto é moi duro, porque representa toda unha vida traballando, nós e meus pais, e nunha hora vaise todo ao garete, temos unha impotencia enorme», confesaba.