Aunque un vecino restauró la Virgen, en Becerreá no hubo «caso Cecilia»


La jornada siguiente al gran terremoto de la primavera del 97, estuvo prácticamente dedicada por completo a recoger pedazos de materiales que quedaron en el suelo de la iglesia. Todos los restos de la Virgen del Carmen y el Niño fueron recuperados y guardados en una caja.

Bien es cierto que la imagen es de cartón piedra o un material similar y no tiene un gran valor artístico. Sin embargo se hacía necesaria su recuperación para que volviera al lugar en el que estuvo toda la vida, su pedestal en el altar mayor. El cura, por aquel entonces, no se planteó enviar el cuerpo y los demás pedazos a ningún taller de restauración porque eso supondría un coste muy elevado y los gastos que se avecinaban eran muchos. Por eso optó por pedirle a un feligrés, Manolo Vilela, que había estudiado Bellas Artes en Madrid, que echara un ojo a la santa y decidiera qué hacer. El vecino consideró que él estaba en condiciones de hacer la cirugía a las imágenes y, a base de bastantes horas de trabajo, volvió a conseguir que recuperaran la cabeza.

El resultado del trabajo fue excelente. Cuando al sacerdote se le planteó que Becerreá no es Borja, la localidad aragonesa donde un Ecce homo quedó echo un cromo, contestó con un sonoro «noooon, ¡Por Deus, nada que ver!».

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Aunque un vecino restauró la Virgen, en Becerreá no hubo «caso Cecilia»