Así vivió Lugo el eclipse: abarrote en el parque y en el adarve de la Muralla

X.M.PALACIOS, A.QUINTIÁN, L.DÍAZ LUGO, MONFORTE / LA VOZ

LUGO

Miles de personas, lucenses y visitantes, disfrutaron del espectáculo solar en una tarde totalmente despejada

13 ago 2026 . Actualizado a las 09:56 h.

El eclipse triunfó en Lugo. El cielo hizo su trabajo, regalando una tarde despejada que permitió ver cómo el sol iba desapareciendo: parecía que era comido a bocados, como se explicó por megafonía, sobre las ocho de la tarde, para informar de lo que iba a ocurrir. Hubo claridad para verlo desaparecer, pero también, poco después, para contemplar su reaparición. Los lucenses, igual que los visitantes, estuvieron a la altura: miles de personas llenaron el parque Rosalía de Castro y en el adarve de la Muralla, y su presencia implicó que el sol se ocultase entre aplausos y exclamaciones de admiración. La ciudad no fue una excepción: las sierras de Os Ancares, de O Careón y de Meira estuvieron muy concurridas, igual que Santa Mariña de Lagostelle (Guitiriz) y el alto de A Curuxeira (Muras).

Las expectativas antes del eclipse eran altas. Carmen Gavidia, colombiana que pasa una temporada en Lugo, admitía que le hacía ilusión lo que iba a ver. Para otros, un eclipse justifica un viaje de más de una hora en coche. El matrimonio ovetense que forman Belén García y Fernando González vino de Foz, donde está de vacaciones, para contemplar este extraordinario fenómeno astronómico. «Aquí se está fenomenal», decía ella, convencida de que ni en A Mariña ni en su ciudad de residencia se podría ver en condiciones. 

Ver el eclipse solo requería usar unas gafas y elegir un emplazamiento algo adecuado. De todos modos, tampoco viene mal un cierto asesoramiento científico, como reconocía el lucense Gabriel Gómez, que llegó al parque con un grupo que eligió ese lugar porque algunos de sus acompañantes lo consideraban idóneo. También destacaba la organización dispuesta para la ocasión.

Si la opinión de gente con conocimientos científicos es una razón para elegir dónde ver el eclipse, la entrega de gafas que permitan la observación sin riesgos también debe ser tenida en cuenta. Edgar González y Guille Abelairas viven en Barcelona; pasan unos días en Lugo, y escogieron el parque porque les habían dicho que en ese lugar se repartirían gafas. Por otro lado, que este miércoles iba a ser excepcional era algo que reconocía Ana Rivas Fanego, residente en la ciudad amurallada: «É algo único, que non vou volver ver», confesaba cuando el sol aún lucía poderoso.

Mientras tanto, a unos pocos centenares de metros, el adarve de la Muralla ofrecía también la posibilidad de ver el eclipse con garantías. Entre estos viajeros se encontraba Francisco Cortés, que viajó hasta Lugo por esta singular cita. «Nos hemos reunido todos aquí. Yo y mi hijo vivimos en Alemania, pero mis sobrinos están residiendo en otros lugares como Japón o Granada», explica el hombre. Dice además, que la decisión de viajar a tierras lucenses fue tomada tan pronto supieron que sucedería el eclipse: «Mi hijo y mi hermano son dos locos de la astronomía. Se pusieron a investigar cuáles eran los mejores lugares para observar el fenómeno y escogieron Lugo». No obstante, la familia Cortés solo estaba de paso en la ciudad, ya que su objetivo era «presenciar el eclipse desde el monte Picato».

Fue a partir de las cinco de la tarde cuando varias personas —que sí observarían el fenómeno desde la urbe— empezaron a preguntar en los accesos de la Muralla si podían acceder a los observatorios dispuestos a lo largo de la misma. Los encargados de custodiar las entradas indicaban como buenamente podían —con especiales dificultades para comunicarse con algunos turistas que no hablaban español— que por el momento no se podía entrar al recinto.

Apertura de la muralla

Inicialmente, todo parecía apuntar a que las seis de la tarde sería la hora en la que se abriría el acceso al público en la Muralla. Sin embargo, la entrada se demoró unos 45 minutos. A partir de las siete menos cuarto, cientos de personas empezaron a ocupar los rincones del monumento.

Cabe decir que el día en Lugo, además de gozar de cielos despejados, se caracterizó por unas altas temperaturas. El incesante calor hizo que muchos buscaran el más mínimo recoveco de sombra para refugiarse del sol. Otros, por su parte, aguantaron en el mismo sitio de forma estoica durante varias horas. «Estamos aquí desde las once de la mañana. Llevamos mucho tiempo esperando esto», cuenta un joven venezolano, que junto a cuatro parisinos y tres madrileños, consiguió permiso del Concello para entrar antes a la Muralla. Este heterogéneo grupo vino equipado con un potente equipo fotográfico en busca de la instantánea perfecta.

Muchas otras personas replicaron este plan. Por ejemplo, Grahame y Debby, una pareja australiana, que también portaba una cámara con la que inmortalizar un momento que los llevó a sobrevolar más de medio mundo. «Esta es una ocasión especial por partida doble. Observaremos el eclipse y celebraremos mi cumpleaños», dice un entusiasmado Grahame.

Jaleo, totalidad y silencio

El alboroto se hacía notar más y más conforme pasaban los minutos. La gente esperaba impaciente el momento de totalidad, en el que podrían deshacerse de sus gafas homologadas para mirar directamente al cruce de astros.

A las 20.28 horas de la tarde, la Luna tapó por completo al Sol, momento que produjo vítores y aplausos, como si de un triple sobre la bocina del CB Breogán se tratase. El jaleo de la multitud vino sucedido de menos de un minuto de silencio sepulcral en el que se respiró un ambiente de fascinación colectiva.

Cuando el satélite natural de la Tierra destapó el brillo de nuestra estrella los aplausos volvieron, esta vez acompañados de las constantes advertencias de una persona del equipo de seguridad recordando a todo el mundo que «hay que volver a ponerse las gafas».

Instantes después, comenzó un desalojo masivo en la Muralla. Todos los presentes habían vivido el fenómeno de toda una generación, uno que ha quedado impreso para la posteridad.

«Me pareció maravilloso»

Pasado el eclipse, la expectación dejaba paso a la satisfacción. Nuria Miradal consideraba que había sido «una experiencia increíble de verdad». «Fue emocionante», afirmaba el vallisoletano Gustavo González, que con su mujer y sus hijos acudió al parque. Yary Saavedra, cubana recién instalada en Cuba, no se quedaba atrás en los comentarios: «Me pareció maravilloso», decía. Pilar, una compostelana que prefirió no decir su apellido, explicó que había visto satisfecha su curiosidad, centrada en ver cuál era el comportamiento de las aves con el eclipse.

Su viaje se hizo en el autobús preparado por la Universidade de Santiago de Compostela (USC) para quienes quisieron ver el eclipse en Lugo. Por el parque lucense se vio ayer a la rectora de la USC, Rosa Crujeiras, así como a la vicerrectora Ana Cabana. Tampoco faltaron políticos en activo (la alcaldesa lucense, Elena Candia, o la concejala del BNG Maite Ferreiro) o retirados de la primera línea (Carlos Portomeñe).

La tarde fue tranquila y solamente hubo un pequeño incidente. La Policía Local y la ambulancia tuvieron que auxiliar a un hombre que sufrió una indisposición en la Muralla poco después del eclipse y fue trasladado al hospital. Más allá de eso, toda la atención estuvo puesta en el cielo.

Gran ambiente en Monforte

El eclipse solar respondió a la expectación prevista en los municipios del sur lucense, donde las condiciones meteorológicas fueron finalmente óptimas. Aunque a primera hora de la tarde asomaron algunas nubes de tormenta, el viento acabó por despejar el horizonte. Mucha gente eligió la tranquilidad de lugares apartados, fuera de la masificación de los espacios recomendamos. Eso no fue obstáculo para que se congregasen miles de personas en el conjunto monumental de Monforte, ubicado en el monte de San Vicente, en pleno corazón del casco urbano. Allí se dieron cita curiosos venidos de otros puntos de Galicia e incluso de Portugal. «En caravana y a 70 por hora todo el rato», comenta un ourensano que hizo el viaje en coche por la N-120 hasta Monforte.

«No contábamos con gente de Portugal. Vino muchísima. Dicen que es el mejor sitio de los que tienen más a mano en Galicia», apunta uno de los policías locales que vigilaban el acceso a San Vicente, donde se puso en marcha un operativo especial de tráfico.

San Vicente fue uno de los lugares elegidos para las conexiones en directo que se pudieron seguir en la web de La Voz. En algunas zonas de O Saviñao, e incluso de Monforte, la observación tuvo de fondo la humareda de un incendio forestal declarado en Taboada. Pocos minutos después del ocultamiento total del sol, fueron las nubes las que lo taparon. «Ha sido un milagro», se oía decir a una joven al término de la observación en Monforte.