Tránsfugas

ANTÓN GRANDE

LUGO

A los socialistas lucenses les crecen los enanos. No tienen suerte, no, aunque más bien lo que le crecen son los infiltrados, los tránsfugas, los que no tienen una ideología definida o si la tienen, es la del dinero. Digo yo, desde mi punto de vista moral, que igual estoy equivocado, oiga, que si me presentase por un partido, llegado el momento en que no estoy de acuerdo con lo que se hace o se plantea, dimitiría y a continuación me marcharía dejando mi puesto al siguiente de la lista. Ya digo con esto que es mi moral, que no tiene que ser compartida, ya que algunos políticos parecen gustar más de aquella frase de Groucho Marx: «Estos son mis principios, pero, si no les gustan, tengo otros».

El PSOE no sé qué tiene que se le cuelan los tránsfugas. Acordémonos del famoso tamayazo en Madrid, que viró el gobierno progresista al popular. En Galicia se había hecho famoso el desconcertado candidato a presidente, Rafael Simancas, con el que muchos hacían la coña, partiendo en dos su apellido, Si-mancas, en referencia al dolor que suponía perder la presidencia madrileña. En Lugo tenemos recuerdos tránsfugas no muy lejanos. Los un poco mayores se acordarán de Mouronte, que de las filas socialistas se pasó a votar con el PP. Tras sus cuatro años de concejal, pagó unas deudas pendientes y abandonó la política activa. Caso contrario fue el de José Luis Díaz, concejal socialista que al mostrarse en desacuerdo con la línea de su partido, dimitió, dejó su acta y dio paso al siguiente en lista. Ahora tenemos a María Reigosa. Abandonó a unos, que no la concejalía, y se fue con los otros. Como dice la canción: «Qué será, será…».