Estefanía Padullés, escritora e ilustradora: «Los centros de menores no son alcantarillas o cuevas, tenemos muchos prejuicios»
LUGO
La autora catalana, afincada en Paradela, publica su primera novela para adultos, «Memoria de sombra y bosque», centrada en la adolescencia y en la naturaleza
28 feb 2026 . Actualizado a las 23:42 h.De la imaginación y de la pluma de Estefanía Padullés (Vilada, 1978) han surgido personajes que ya forman parte del universo fantástico de los más pequeños, como el gato Klops, el monstruo Leopoldo o la princesa Ciroliña. La escritora, ilustradora y bióloga del Pirineo catalán, afincada en Paradela desde hace más de una década y todo un referente en la literatura infantil, da ahora el salto a la narrativa adulta con una fábula de terror, Memoria de sombra y bosque (Hércules de Ediciones, 2026).
La creadora, que ha hecho del rural lucense su hogar, abandona temporalmente la literatura infantil para adentrarse en una novela para adultos, en la que la naturaleza y la adolescencia son las protagonistas, y en la que reflexiona sobre la realidad de los centros de menores. Para dar vida a Alina, la protagonista de 15 años, y sus compañeros de internamiento, Padullés ha llevado a cabo un profundo proceso de documentación basado en casos reales de jóvenes tutelados. «Padullés reivindica la dignidad de estos jóvenes, a menudo señalados como peligrosos o invisibles, a través de un retrato honesto de lo que supone crecer sin un entorno familiar convencional», explican desde la editorial Hércules.
La trama sitúa a este grupo de jóvenes en un escenario salvaje y antiguo, un bosque que actúa como espejo de sus propios miedos internos y de la «sombra voraz» que surge cuando la inseguridad y el desamparo se vuelven insoportables. Esta historia va sobre «los otros», los señalados, los abandonados, los peligrosos, los olvidados que, como cualquier adolescente, exploran su personalidad y necesitan un entorno controlado que les garantice la supervivencia y les brinde afecto.
Esta semana ha empezado la gira de presentaciones de la novela, que la llevará el viernes 6, a las 20.00 horas, a Sarria, y en primavera a Lugo y a Monforte, entre otras localidades.
—¿Cómo nace esta novela?
—A mí siempre me ha gustado escribir, yo he escrito siempre, es una manera de expresarme, al igual que con la ilustración. Y surgió con Hércules, que me dieron la oportunidad de publicar una novela, y la aproveché. También creo que ahora tengo la madurez para hacerlo. Así que recopilé cosas que tenía escritas, para aprovechar ese momento emocional que tenía en la veintena, por eso también trato el momento vital de la adolescencia.
—Después de álbumes ilustrados y libros infantiles, ¿ha sido un gran cambio?
—Sí, tiene su complejidad. No es lo mismo hacer un esqueleto para algo de 16 páginas que para una novela. Además, quiero destacar que ha sido una suerte contar con la editorial Hércules, porque cuando les presenté la novela, la apreciaron lo suficiente; y la persona que hizo la revisión la llevó a cabo concienzudamente, con mucho cariño y mucho tiempo. Hemos estado muchísimo tiempo en boxes, en la fábrica, y eso también es porque han considerado que merecía la pena darle más vueltas y presentar un producto de mucha calidad. Y creo que sí que se nota ese tiempo, en un momento en que, además, los libros son una cosa tan rápida. También creo que mis otras obras infantiles fueron trabajos lentos, que tienen su tiempo y su proceso, y eso lo agradece el lector y yo también; la verdad es que siempre me lo han respetado en Hércules.
—¿Cómo fue todo el trabajo de documentación sobre los centros de menores?
—Lo que yo quería era retratar la ansiedad y la angustia que se tiene en la adolescencia, por todo este proceso de hacerte mayor. Al principio, no sabía dónde ubicarla. Pero tengo un amigo que trabajó muchos años en un centro de menores y consideré adecuado ambientar la novela ahí. Me pareció un buen sitio para ubicarla por los prejuicios que tenemos, porque realmente no tenemos ni idea y estamos tan equivocados, que nos imaginamos una cosa que no es. Así que creí que sería algo bueno acercarle a la gente un poquito la realidad de estos lugares porque los centros de menores no son alcantarillas o una especie de cuevas, tenemos muchos prejuicios aún. Por eso me documenté con trabajadores, con gente que estuvo en centros de menores, leyendo más... Y me pareció buena idea hablar de un adolescente que tiene una dificultad más, que es la de vivir ahí, pero que es una circunstancia más como cualquier otra, porque no es ni el tema central ni es para dar lástima.
—¿Cuánto hay de real y cuánto de ficticio en la novela?
—Los casos de los niños están inspirados en casos reales. Y, además, lo que parece más increíble o exagerado, es lo real.
—¿Qué fue lo que más le llamó la atención en este acercamiento a los centros de menores?
—Quizás, la barrera que ponemos, que realmente la montamos nosotros solos. Y, al final, todo es más natural de lo que parece, no pasa nada, es una circunstancia más.
—¿Qué papel juegan el bosque y la naturaleza en la novela?
—El bosque forma parte de mi obra, este personaje sí que es la base de lo que yo he escrito. El bosque está siempre ahí, en la novela y en mis libros infantiles, en forma de emoción o de otra manera, pero está presente. Para mí el bosque es vital, lo envuelve todo y tiene un poco de fábula toda la novela. Pero yo siempre digo que es muy difícil de ubicar esta novela, en cuanto a género, porque tiene algunas sorpresas, algo de terror... Hay que leer el libro para saberlo [risas].