Amancio Prada da un concierto en Lugo: «Empecé a leer a Rosalía y era como leer mi alma»

Laura López LUGO / LA VOZ

LUGO

Amancio Prada actúa en Lugo el 14 de marzo
Amancio Prada actúa en Lugo el 14 de marzo CESAR QUIAN

El cantautor berciano celebra el 14 de marzo en el auditorio Fuxan os Ventos los 50 años de su emblemático disco «Rosalía de Castro», con un repertorio que combina pasado y presente

22 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La poesía brota libre de los labios de Amancio Prada (Dehesas, León, 1949). Sus frases son versos pausados cargados de sensibilidad, que rezuman amor por la literatura y por la música. No es de extrañar que en plena adolescencia quedase prendado de Rosalía de Castro, de la que no se ha separado desde entonces. Precisamente para celebrar el 50 aniversario de su disco Rosalía de Castro llega el sábado 14 de marzo a Lugo, donde actuará a las 20.30 horas en el Auditorio Municipal Fuxan os Ventos, y lo hará con sorpresas: «En Lugo precisamente va a haber más de una sorpresa, que para mí es un regalo inesperado que quiero compartir con el público», confiesa. Las entradas se pueden adquirir desde 16,60 euros en la web entradas.ataquilla.com.

Esta gira con la que revisa su trayectoria de cinco décadas como intérprete de la poesía gallega, lo llevará también estos días por Avilés y por León y, tras Lugo, llegarán ciudades como Madrid o Ferrol. Medio siglo después de la publicación del álbum Rosalía de Castro, todo un hito en la historia de la música ibérica, los temas, en los que se entremezclan música y poesía, siguen emocionando a un público de varias generaciones y suponen un encuentro con la memoria colectiva.

Amancio Prada, uno de los grandes referentes de la canción de autor en España, combina en su obra composiciones propias y adaptaciones de textos clásicos y contemporáneos, desde Cantigas Medievales hasta poetas como Lorca, Cunqueiro, Juan Ramón Jiménez o Rosalía de Castro, que lo convierten en una figura imprescindible de la cultura gallega. Sus orígenes, sin embarog, están en El Bierzo: «Estamos en la frontera. Por un lado, ves las diferencias, pero ves también lo que nos une y nos abraza. No estamos para separar, sino para abrazar», afirma.

—¿Cómo llegó Rosalía a su vida?

—Pues llegó leyendo, con 17 años. Estaba en Valladolid estudiando Dirección de Empresas Agrarias porque quería ser como mi padre, «el labrador de más aire», que diría Miguel Hernández. En aquellos años, también me matriculé en el Conservatorio para estudiar un poco de piano y descubrí a Rosalía en un libro de la colección Austral. Empecé a leer a Rosalía y era como leer mi alma: me aprendía los versos de memoria porque era una forma de afirmar lo que yo sentía con ella o a través de ella. Y así surgieron las canciones, casi sin querer. Yo no me propuse nunca hacer canciones de Rosalía, pero es que ese poema que me aprendía de memoria y me iba diciendo, cogía una entonación y, de pronto, se convertía en canción, como una especie de metamorfosis, en ese ahondamiento hacia la música interior del poema, como una línea poética pura, sin anécdota y sin adorno.

—Rosalía ya era universal, pero se popularizó aún más gracias a sus canciones.

—Sí. Recuerdo una de las primeras canciones que hice, Como chove miudiño, que es un poema que expresa muy bien esa forma de estar en el mundo de Rosalía, sintiendo que forma parte del paisaje, natural y humano, que alimenta su canto y su alma. En ese poema, además de cantar esa belleza de la lluvia pausada, también está presente el amor a la madre, y a la madre de la madre, del que tiene que partir de una tierra tan hermosa, pero que al mismo tiempo obligaba a sus hijos a salir para ganarse el pan fuera. Todo eso resuena en Rosalía.

Un repoludo gaiteiro es una canción festiva, de romería, de la escuela de los dulces cantares gallegos, como Rosalía decía, en los que se inspiró tantas veces, incluso citando literalmente estrofas o estribillos a partir de los que escribía su propio poema, como Campanas de Bastabales, Adiós ríos, adiós fontes, o Airiños, airiños, aires.

Hay otra, Pra a Habana, que es una larga canción de su libro de As viúdas dos vivos e as viúdas dos mortos, sobre la épica de la emigración de la Galicia de aquellos tiempos a Cuba o Argentina. Yo tenía 19 años y, precisamente, cantándola en un festival de un pueblo de Palencia gané el primer premio, una galleta de oro y unas pesetas con las que me compré mi primera guitarra. Con aquella guitarra, un par de mudas que me preparó mi madre y unos libros en una maleta me fui a París, a estudiar en La Sorbona. Y recuerdo que la primera canción que hice, ya en París, con aquella guitarra, fue sobre un poema de Federico García Lorca, titulado precisamente La guitarra. No conocía entonces yo la profunda admiración que Lorca había sentido tan tempranamente por Rosalía, a quien llamaba «mi hermana en tristeza, el ángel mojado de Galicia». Eso lo aprendí luego en un libro del profesor Xesús Alonso Montero.

—¿Cómo está siendo la acogida de esta gira?

—Maravillosa, es que Rosalía llega al corazón de la gente. Da igual que sea en Galicia o en Jerez de la Frontera, basta con que introduzcas brevemente el sentido o expliques cuatro o cinco palabras más difíciles de entender. Es una poesía sencilla, no tiene ninguna afectación poética, escribe poesía como si estuviera hablando y eso hace que vaya directamente al corazón. Dos de aquellas tres primeras canciones las incluí en el disco que grabé en París, Vida e morte, tomando como título el de un poema de Darío Xohán Cabana. Pero ya el segundo disco lo dediqué enteramente a Rosalía de Castro, en 1975. Y esas canciones van conmigo siempre.

—¿Cómo será el concierto de Lugo?

—El disco lo grabé con guitarra y violonchelo, pero ahora, en este proceso de depuración constante, en estos recitales voy con mi guitarra y con Rosalía, que no es poca compañía. Pero cantando a Rosalía afloran Becquer, Lorca o Machado. Será un concierto monográfico, es Rosalía la que da contenido total al recital. Luego, uno pierde la cabeza y se deja llevar por la presencia del público, por la escucha elocuente del público que canta contigo.

—Será en un lugar de gran simbolismo: el auditorio Fuxan os Ventos.

—¡Hombre! Fuxan os Ventos es una referencia esencial en el panorama musical de Galicia. Pero también quiero recordar a Darío Xohán Cabana, del que hice dos canciones, que fueron en aquel disco Vida e morte. Y a lo mejor canto una canción inédita de Manuel María, A boneca.

—¿Tiene ganas de volver a Lugo?

—Sí, y tengo ganas de cantar en este nuevo auditorio. Además, para los que vamos del Bierzo, una vez que cruzamos O Cebreiro, la primera ciudad con la que te encuentras es Lugo.

—¿Piensa en jubilarse?

—No se me pasa por la cabeza. Algún día llegará, pero no será porque yo quiera. Cantar es mi camino, es mi forma de respirar, es mi forma de estar en el mundo. Soy lo que canto, canto lo que vivo y vivo lo que canto. No estoy en esto por profesión, estoy por vocación, lo necesito. Además, nadie se baña dos veces en una misma canción. Cada vez que cantas una canción es distinto, dices y aprendes algo nuevo. Y no alcanzas nunca a cantar la canción como te gustaría cantarla o como la imaginas, y esa imaginación también va cambiando, es como el horizonte que se va alejando. Hay una frustración ahí latente, pero que se convierte en un motor, en un estímulo. Y en esa búsqueda es donde reside la depuración constante.