Narciso Gómez cambió a la Guardia Civil por el ejercicio sacerdotal. Fue nombrado doctoral «por los servicios extraordinarios a la Iglesia y a la Nación»
21 sep 2025 . Actualizado a las 05:00 h.La vida de Manuel Narciso Gómez Luque podría compararse a la de los antiguos conquistadores que portaban la espada y la cruz como símbolo de su presencia en las colonias españolas, actuando primero como un aguerrido soldado, en este caso también para defender las colonias españolas y al tiempo, como hombre de iglesia que terminaría siendo, cambiando el tricornio y el uniforme de sargento de la guardia civil por la teja y el hábito de sacerdote, quizá el único caso en la Iglesia y en el Instituto armado, según informaba entonces el coronel Aranguren, con fuertes lazos en Lugo en donde conserva familiares, y que sería fusilado por orden directa de Franco al finalizar la guerra civil a causa de su fidelidad al bando republicano.
Manuel Narciso Gómez Luque había nacido en Los Villares, en la provincia de Jaén, en 1860. Con tan solo 17 años se va a Cuba en donde sentó plaza e ingresa en el benemérito cuerpo, donde logra los empleos de cabo segundo, cabo primero y sargento, destacando siempre por su valentía.
Sin embargo no debió de contentar al sargento Manuel Narciso Gómez aquella vida de guerra irregular, artera y sangrienta. Decidido, pide la rescisión en la Guardia Civil y en los cursos académicos de 1885 a 1894, cursa y aprueba en el seminario de Santiago de Cuba, todas las asignaturas de la carrera eclesial con calificaciones de Benemeritus y Meritissimus.
Posteriormente sería nombrado teniente cura del Caney. Según figura en la Gaceta de Madrid, del 13 de mayo de 1903, por Real Decreto del rey Alfonso XII, lo asciende de coadjutor, cargo que desempeñaba en la parroquia de Los Villares, perteneciente a la diócesis de Jaén, a canónigo de la catedral de Lugo «por sus servicios extraordinarios prestados a la Patria».
Salvó a 80 heridos
El teniente coronel Román García Pardo, jefe de la comandancia en Lugo, en la publicación «Revista técnica de la Guardia Civil» correspondiente a septiembre de 1933 hacía mención al acto heroico de Manuel Narciso de salvar a más de 80 heridos: «El día de las grandes batallas del Caney y Santiago de Cuba, epopéyica aquella, de las que pasan a la posteridad universal, nuestro buen sacerdote, sintiendo correr por sus venas y en toda su intensidad el sentimiento patrio, el orgullo de raza, se presente al general Toral, gobernador militar de Santiago de Chile, y le ofrece sus brazos para disparar y su cuerpo para batirse».
Sin embargo la oferta no fue bien aceptada por el mando militar, según se puede ver en su respuesta: «Señor cura, no me parece bien que un sacerdote se dedique a disparar tiros en un trinchera. No le faltará qué hacer ejerciendo su sagrado ministerio. Dios se lo pague. Con mi permiso y orden vaya a la línea de fuego».
Según la crónica de la citada publicación, Gómez Luque llegó antes de sonar el primer disparo y fue el último en retirarse, asistiendo a heridos, auxiliando a los moribundos, recibió confesiones y condujo a hombros al hospital a más ochenta heridos, entre ellos al general Linares. Precisamente por su actuación valiente en la campaña de Cuba le sería concedido el distintivo del Caney. A tal efecto, y pese a no ser actualmente militar, se le comprendió entre los que podían usar el distintivo especial para conmemorar las defensas de El Caney y Lomas de San Juan.
Su legado, Narciso Peinado Gómez
Narciso Gómez fallecía en Lugo, a los 72 años, en julio de 1933. En nuestra ciudad, según reza una necrológica publicada entonces, «dadas sus virtudes, su trato afable y simpático, había logrado el afecto de muchos lucenses, razón por la cual su fallecimiento ha sido muy sentido en la ciudad».
Tras el funeral, al que acudieron no solo un buen número de autoridades sino también muchos lucenses, sus restos mortales fueron trasladados a hombros por guardias civiles del puesto de Lugo y sus dos sobrinos, reposando sus cenizas, desde 1949, en el claustro de la catedral lucense.
Manuel Narciso Gómez dejó además su semilla en Lugo. Al poco tiempo de llegar, su sobrino, Narciso Peinado, es enviado por su familia a acompañarlo ya que al joven, el seco clima jienense afectaba a su salud.
Según parece, el clima de Lugo era más conveniente así que se viene a vivir con su tío, aquí realiza parte de sus estudios, el resto en la Universidad de Santiago, y aquí se casaría haciéndose un lucense más.
Así lo demuestran los abundantes libros que nos dejó este historiador, valgan como ejemplo Lugo monumental y artístico, Ensayo histórico arqueológico, Lugo en sus orígenes, Lugo y su entorno. Los artistas del siglo XVIII y su obra o Sierra de Ancares entre otros muchos, lo que demuestra su interés y cariño por su tierra de acogida y que consideraba como propia. Además de casi novecientas colaboraciones en prensa de 1921 a 1987. Narciso Peinado Gómez, además de premios y homenajes recibidos a lo largo de su vida, tiene una calle con su nombre en Lugo.