Primavera

Emilio Rodríguez DESDE EL ALTO

LUGO

01 may 2025 . Actualizado a las 19:18 h.

Recuerdo en mi añorada aldea, As Moreiras, en tierras de Portomarín, cuando mi madre, con sonrisa de oreja a oreja, nos decía: Oín ó cuco. La verdad, no era para nada novedoso oír el canto escueto de este pájaro, pues por entonces los cuclillos se prodigaban por nuestras carballeiras más que hoy, pero según la imaginería popular de entonces, oír al cuco al parecer era señal de buena suerte, y es por ello que a mi madre el semblante se le iluminaba ante el primer cu-cu del año, que se oía lejano por abril por algún punto no concreto de la carballeira conocida como O Agro.

No sé por qué razón ocurre, pero hay determinadas aves cuya presencia alegra nuestro ánimo. Las migratorias en especial. Será porque, festivas, nos anuncian cuando regresan el final de los rigores del invierno, o será sencillamente porque su estancia en otros puntos del planeta es en exceso dilatada y hasta que regresan hemos estado echándolas de menos. Algo de todo, acaso. Cigüeñas, anduriñas o vencejos…, ahí las tenemos; ocupando las primeras ese nido que les queda reservado año tras año, pues no hay okupas entre el gremio, o dando vida a ese hormiguero primaveral en que convierten nuestra muralla las segundas.

¿Se imaginan que algún año no volvieran? ¿Se imaginan qué sería de nuestra muralla sin su presencia? Sería una muralla muerta. Porque no me digan que ese revolotear continuo y vertiginoso sobre Lugo cuando llegan estas fechas no es un manantial de vida, un soplo de aire fresco que nos revitaliza. Son para nuestra ciudad como para el campo las mariposas y las abejas: su presencia poliniza y multiplica nuestras flores, su ausencia es sinónimo de tristeza.