Un enterrador del cementerio municipal de Lugo, Manuel Rozas, ha solicitado un horario acorde con el fin de llevar a cabo la conciliación familiar y atender así a los vivos de su familia, en este caso a un hijo de tres años, porque los muertos, de momento, no necesitan la reconciliación familiar aunque algunos vaya si la necesitarían.
El enterrador no tiene quién le atienda, y menos en estos tiempos en que esta profesión se ha convertido casi en un privilegio para los vivos y, a lo que parece, también para los muertos.
La sorpresa surgió en primer lugar cuando el propio Concello se la negó, aduciendo para ello la falta de personal y a que los lucenses demandan la apertura del cementerio mañana y tarde, especialmente por preferir los enterramientos en horario vespertino.
La segunda sorpresa vendría posteriormente cuando al recurrir ante el Juzgado, también le fue denegada, lo cual ya son palabras mayores porque la ley parece que algo dice al respecto sobre el tema de la conciliación.
En algunas administraciones, cuando algún funcionario enferma o tiene que conciliar, se busca un sustituto entre las listas de parados existentes. Simplemente incluir un anuncio en prensa que diga que se solicita enterrador por horas, por unos días o unos pocos meses, que así son los contratos que se hacen ahora, y solucionado el problema, aunque al pobre sustituto es de esperar que no le toque enterrar a una persona que padezca catalepsia, porque le podría dar un susto de muerte.
Lugo ya tiene desde hace unos días un nuevo alcalde, Miguel Fernández, que ha sustituido a Paula Alvarellos por fallecimiento de esta. A ver, hombre, Miguel, échale una mano al chaval para que pueda conciliar y, de paso, inicias así tu mandato con una buena acción.