Compitió hasta el final en un partido que se le había puesto muy cuesta arriba
14 sep 2021 . Actualizado a las 13:40 h.El Leche Río Breogán tiene clara su propuesta. En defensa pretende ser un pitbull. Todos tienen que morder y apretar. Hacia delante, cada vez que puede opta por un baloncesto vertical para intentar anotar en los primeros segundos de la posesión. En Vilagarcía se encontró con un Joventut que rayó a un altísimo nivel en el primer cuarto, pese a perder en el primer minuto a Birgander (el juego estuvo parado casi un cuarto de hora, tras recibir un codazo involuntario de Musa) y comparecer sin los lesionados Ante Tomic, Ferrán Bassas y Zagars.
No acusó el percance y firmó una puesta en escena de enorme inspiración en ataque, haciendo daño dentro y fuera, con buenos porcentajes, con una gran circulación de balón.
Antes de llegar al minuto tres Paco Olmos ya tuvo que pedir tiempo muerto, tras encajar un parcial 0-10. Buscó la reacción a través de la defensa, dando pista a un cinco más físico. Pero el Joventut no bajó su producción y cerró el capitulo con un 16-30, con nueve balones perdidos en el debe del conjunto lucense.
El Breogán sabe que en ataque siempre se puede encomendar al talento de Musa, capaz de anotar de muchas maneras; a la muñeca de Kacinas, Kalinoski y Lukovic; al tiro y el uno contra uno de Bell-Haynes; al pundonor de los hermanos Quintela, al poderío de sus cincos...
En el segundo cuarto mejoró algo las prestaciones en los dos lados, ante un adversario que saca brillo a su cantera como ningún otro club en la ACB.
El colectivo de Paco Olmos defendió mejor hasta el descanso, pero en ataque no terminaba de coger velocidad de crucero, sobre todo cuando se veía en la necesidad de alargar las posesiones. Se fue al descanso trece abajo después de que Musa anotase su cuarto punto y los cuatro ataques anteriores se saldasen con tres triples y un dos más uno de Haynes.
Tras el paso por los vestuarios llegó la mejor versión del Breogán, que creció desde la defensa, mucho más consistente. Consiguió ahogar la circulación de la Penya y en ataque empezó buscando con mucho criterio la superioridad física de Sakho cerca del aro.
A la par que el conjunto de Olmos crecía como equipo el de Carles Durán se iba diluyendo como tal. No fue el caso del exobradoirista Brodziansky, que asumió protagonismo para hacer mucho daño tanto cerca del aro como desde detrás del arco. En esa dinámica el Breogán fue recortando distancias paulatinamente. Ahora el Joventut sudaba para encontrar buenas posiciones de tiro. Cerró el tercer acto siete abajo, 60-67.
En el último cuarto Carles Durán echó mano de sus jugadores más expertos, pero no pudo evitar que las distancias se redujesen a solo tres puntos: 68-71.
Y cuando el partido estaba en ese momento en el que puede caer para cualquier lado, llegó una acción decisiva. El Breogán hizo una gran defensa, pero Brodziansky la castigó con un triple forzado sobre la bocina, contra tablero, para poner el 68-75. El equipo de Paco Olmos acusó el golpe, después de remar con una gran determinación y ver la remontada muy cerca. Se le escurrió y encajó otros siete puntos del tirón. No logró reponerse, pero compitió en un partido que se le había puesto muy cuesta arriba.