Una puerta románica de la Catedral de Lugo, camino de ver la luz tras 300 años tapiada

Lorena García Calvo
lorena garcía calvo LUGO / LA VOZ

LUGO

César Carnero señala la pared barroca tras la que se esconde la puerta románica
César Carnero señala la pared barroca tras la que se esconde la puerta románica ALBERTO LÓPEZ

El proyecto de reforma del claustro barroco apuesta por recuperar el acceso del siglo XIII, que permitiría mejorar la circulación en el templo

13 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace 300 años los maestros Fray Gabriel de las Casas y Fernando de Casas Novoa fueron los encargados de dirigir la construcción del claustro barroco de la Catedral de Lugo. Dieron vida a un imponente patio que transformó el entorno y que implicó también cambios en el propio templo. Decidieron cegar las ventanas y la puerta románica que conectaban el antiguo corredor con la nave derecha de la Catedral, llamada la nave de la Epístola, atendiendo a las necesidades que en aquel momento existían.

Tres siglos después, esa puerta románica puede salir de nuevo a la luz. El proyecto de restauración del claustro, que la Xunta de Galicia ejecutará en los próximos meses, contempla desmontar una parte del muro barroco para dejar de nuevo a la luz la puerta románica, que data del siglo XIII. «Tapiaríase, probablemente, sobre o 1708, aproximadamente. Fernando de Casas decidiu macizar o espazo que había entre os contrafortes, pechando así a porta e as fiestras», describe el responsable de patrimonio de la diócesis lucense, César Carnero.

En el interior, se encuentra oculta tras lo que en su día fue una capilla
En el interior, se encuentra oculta tras lo que en su día fue una capilla ALBERTO LÓPEZ

La puerta románica que se encuentra tapiada servía en su día para acceder desde la catedral al claustro y a la vez cumplía la función de meter algo de luz al edificio principal, oscuro de por sí. No hay referencias que permitan saber cómo era aquel antiguo acceso, si sus arquivoltas o su dintel estaban muy trabajados, o si eran especialmente sencillos. Eso se sabrá si, como todo apunta, la puerta se reabre.

En el claustro uno puede percibir dónde estaba el paso al fijarse en la sillería de piedra, que es diferente, pero en el interior del templo es más sencillo. El acceso se localiza tras lo que hoy es una doble puerta cerrada con candado que esconde lo que en su día fue una pequeña capilla dedicada a la Virgen de la Oscuridad, y en la que todavía se percibe la decoración mural del siglo XVI. Tras ese pequeño espacio se encontraría la antigua entrada.

Por qué reabrirla

A la espera de tomar la decisión definitiva sobre si debe desmontarse una parte del muro barroco para recuperar la puerta románica, varios son los argumentos que juegan a favor del sí. Reabrir el paso medieval permitiría sacar a la luz la posible riqueza arquitectónica de la puerta y quizás de sus pinturas. También permitiría mejorar la circulación interna de los visitantes: se podrían separar adecuadamente los circuitos de visitas turísticas del que siguen los fieles que acuden a rezar al templo.

Un tercer beneficio sería que dejaría entrar más luz a la nave de la Epístola, y desde el interior ya se podría percibir la belleza del claustro. En el siglo XX, cuando el arquitecto Francisco Pons Sorolla dirigió la reforma de la catedral lucense, ya abrió en ese muro barroco dos ventanas que coincidían, en parte, con las originales de la época románica que Casas Novoa había mandado tapiar en el XVIII.

La fachada de Clérigos se cubrirá con mortero, salvo un zócalo
La fachada de Clérigos se cubrirá con mortero, salvo un zócalo ALBERTO LÓPEZ

La fachada que da a la calle Clérigos se recubrirá con mortero de cal, salvo un zócalo

La Xunta invertirá 650.000 euros en la rehabilitación del claustro barroco de la Catedral de Lugo. Las actuaciones estarán dirigidas a recuperar y conservar las partes más dañadas, y una de esas intervenciones consistirá en recubrir con mortero de cal (posiblemente con algún pigmento), toda la fachada del claustro que da a la calle Clérigos. Solo se mantendrá a la vista un zócalo que podría rondar el metro de altura y en el que se pueden ver piedras que en su día pertenecieron al claustro medieval.

La razón para dejar ese zócalo sin revestimiento es que así se podrá observar cómo es la pared, y porque ese espacio está a expensas de estropearse más fácilmente. Por ejemplo, al pasar los servicios de limpieza, con el baldeo ya puede mancharse.