Hospital con corazón


Corazón. Algunos lo tenemos un poco cansado por el latir de tantos años. El mío necesitaba una reparación en un buen taller: el Hospital Universitario Lucus Augusti. El 16 de noviembre, una llamada telefónica me alteró un poco el día, pues no esperaba que me llamaran tan pronto. Era la hora del almuerzo. «Tiene que ingresar hoy a las seis y media». Mi sistema nervioso se puso a cien. No pude comer, ¡ni dormir la siesta!

Un buen amigo se ofreció a llevarnos al hospital, a mi esposa y a mí. Llegados allí, nos acompañaron a una habitación de dos camas, donde ya estaba otro paciente con el que entablaría amistad. Me acosté. En seguida llegaron unas enfermeras muy eficientes, que con gran humanidad me fueron preparando para la intervención.

Tengo que recalcar el excelente trato de todos los profesionales de cardiología. La humanidad que se respira en ese servicio ­­-eso sí, con mascarilla-, que actúa como un bálsamo para el paciente, es para mí la mitad de la cura. Por mi parte, gracias al especialista que me intervino, a las enfermeras que me atendieron, con una profesionalidad fuera de serie y a los que no se ven, pero que hacen que este proceso se mueva y se convierta en vida. En fin, si algún pequeño o gran detalle se quedó en el tintero, pido disculpas. Gracias, de corazón, a la gente de corazón.

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