El edificio que después de 44 años no quiere dejar de ser un banco

El antiguo local del Banco Simeón quedó vacío tras medio siglo operativo

m.c.
lugo / la voz

Carteles de alquiler y números telefónicos son habituales desde hace unos meses en las cristaleras de edificios y bajos comerciales del centro de Lugo. El caso del antiguo Banco Simeón, situado en la Rúa do Teatro número 3, entre la Plaza de Santo Domingo y una de las puertas de la Muralla, cuenta además con un aliciente de peculiaridad. Se trata de un local que quedó vacío hace apenas una semana, después de casi medio siglo albergando las oficinas de distintas entidades financieras.

La primera en abrir sus puertas fue la del antiguo Banco Simeón, en 1976, cuando la calle aún llevaba por nombre General Franco y la transición hacia la democracia afloraba en todo el país. Era un banco de tradición familiar, fundado a mediados del siglo dieciocho y con fama de buena gestoría. El escogido para ponerse a los mandos de esta sucursal, la primera en la ciudad de Lugo, fue Argimiro López Villauriz, que ya contaba con experiencia en el mundo financiero. Junto a él, trabajaban otros siete compañeros.

Villauriz llegó a la compañía para ocupar el cargo de director con poco más de 30 años. Su juventud llamaba la atención entre los lucenses, ya que por norma general los jefes en este sector no bajaban de los 50. La presencia de mujeres en este tipo de negocios era prácticamente nula y encontrar a alguna ocupando un puesto de poder era misión imposible.

«Banco Simeón era una institución prototipo de pequeña banca de fuerte implantación en Galicia», comenta Argimiro. Pronto los vecinos con más poder adquisitivo comenzaron a invertir y también las personas mayores acudían con frecuencia a las oficinas para ejecutar y controlar sus operaciones.

«No había cajeros automáticos ni mesas con computadores. En su lugar teníamos máquinas de escribir, calculadoras y un largo mostrador en el que atender a la clientela», recuerda Villauriz.

Argimiro López Villauriz
Argimiro López Villauriz

Precisamente el tratamiento y la proximidad con los clientes son propiedades que se fueron perdiendo en estos 44 años, ya que con las transformaciones tecnológicas y la informatización del sistema el rumbo de las entidades bancarias evolucionó hacia unas mayores distancias e incluso un declive de la confianza entre ambas partes. «Los clientes confiaban mucho en nosotros, ahora pasaron a ser un número», matiza el exbanquero.

En 1984 el Banco Exterior de España se hizo con Banco Simeón, que años después, en 1995, pasaría a manos de Caixa Geral de Depósitos, absorbida a su vez en 2019 por Abanca. Tras su cierre hace escasos días el local busca nuevos propietarios, a poder ser banqueros para no poner fin a una tradición con casi medio siglo de historia.

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