La Muralla de Adriano, una ruina, pero más aprovechada que Lugo

Con 180 kilómetros, cruza el norte de Inglaterra entre ambos mares, pero conserva solo 1,5 metros de alto


LUGO

Es más grande que la Muralla de Lugo y está mucho más explotada turísticamente. Pero si hubiera que hacer una comparación a fondo, hay algo en lo que la gallega gana a la más famosa de Adriano: en conservación. Porque de la que mandó levantar ese emperador romano en el siglo II quedan únicamente unos largos restos que en solo unos lugares concretos superan el metro y medio de altura. ¿Por qué, entonces, es tan conocida? En primer lugar, porque la Muralla de Adriano se irguió en el norte del imperio, casi haciendo frontera con lo que hoy es Escocia, de mar a mar en un paraje por lo general desolado y aprovechando lo escarpado que es el terreno, con auténticos y profundos barrancos durante muchos kilómetros. De manera que esa muralla unió lo que hoy es la ciudad de Newcastle con lo que también hoy es la ciudad de Carlisle y continuó más abajo, hacia el sur.

Contra los Pictos de Escocia

Tiene una parte de piedra, y otra de tierra y madera que con el tiempo, y en la medida de lo posible, se fue cambiando por piedra también. Pero las prisas mandaban, y las incursiones de los díscolos habitantes de la actual Escocia, los Pictos, obligaban a fortificar el territorio contra reloj: en diez años estuvo completada, con una altura máxima de 4,8 metros, muy poco si se compara con Lugo.

Esa es la historia. Pero ¿qué queda hoy? Para empezar, queda todo el trazado de esos casi 180 kilómetros, con enormes fosos en la retaguardia. Y unos campamentos excavados parcialmente. El de Vindolanda es el más conocido. A la pregunta de si está excavado en su totalidad porque aquello semeja muy grande sobre todo comparando mentalmente con castros como Viladonga en Lugo o Santa Tegra en Pontevedra o Baroña en A Coruña, la sonrisa de la persona de recepción se agranda: “Los arqueólogos dicen que hay trabajo para cien años”. Exageración o no, la mayoría de los campamentos y puestos de vigilancia, además del foso y la abandonada carretera militar que discurre por atrás, no recibieron aún la visita de la piqueta que desentrañe sus misterios.

Miles de senderistas

Y con esos mimbres, estos cestos: miles y miles de personas se acercan a la Muralla de Adriano cada año, porque desde el kilómetro cero hasta el final se ha diseñado una muy popular ruta de senderismo bien señalizada que se ha convertido en uno de los motores económicos de la zona rural, ciudades aparte por lo tanto.

Porque allí no hay nada, solo granjas aisladas, pubs igualmente aislados y pequeñas o minúsculas villas como Corbridge o Hexham. Y, eso sí, docenas de bed and breakfast, el equivalente al turismo rural gallego. Martin y Anna, los propietarios de una de ellas, la excelente Broomshaw situada en las afueras de la localidad de Haltwhistle, gestionan lo que durante siglos fue una granja familiar y ahora reciben clientes que buscan un sitio donde pernoctar y, siguiendo la costumbre británica, meterse entre pecho y espalda un monumental desayuno. Viviendo en un paraje idílico a menos de diez minutos en coche de la Muralla de Adriano, reconocen que, con pocas excepciones, sus clientes son personas que quieren acercarse al monumento. Porque se trata, procede decirlo, de un monumento que la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad en 1987. O sea, 13 años antes de que la lucense recibiese idéntica distinción mundial.

El museo romano se convierte en toda una experiencia, con una tienda de recuerdos saturada de reproducciones y libros. Allí ignoran dónde está Lugo. «Nos centramos en el mundo romano británico, lógicamente poniendo el foco en esta zona, pero claro está que podríamos llegar a algún tipo de acuerdo con los gestores de la muralla de esa ciudad», asegura uno de sus responsables. Lugo, por cierto, está hermanada con la Gran Muralla China de la ciudad de Quinhaungdao desde 2007.

A lo largo de la Muralla de Adriano, ni en los bed and breakfast ni en Newcastle y Carlisle ocultan el temor al brexit. En los pubs rurales, los granjeros que acuden el fin de semana a tomarse una pinta de cerveza creen que no tendrá ninguna repercusión (“La mayoría de los visitantes son británicos, ¿sabe usted?”, argumentan dos de ellos en el pub Milecastle Inn), pero el resto le ve las orejas al lobo, con temor a que se produzca una recesión y la gente se encierre en casa.

En la humilde pero concurrida biblioteca de Haltwhistle, un militar retirado y que dice orgulloso que «nací el mismo día que se suicidaba Adolf Hitler», pone el broche: «La Muralla de Adriano se abandonó a finales del siglo IV, y después mucha gente se apoderó de sus piedras para construir sus viviendas. Y si sobrevivió más de dieciséis siglos y a ese expolio, sobrevivirá a un brexit». Y rompiendo la tradicional educación inglesa, suelta un taco dedicado a los que votaron alejarse de la Europa del futuro.

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