El corazón de Os Ancares al desnudo

El castillo de Doiras tiene a sus pies dos rutas de senderismo para descubrir la parte más íntima de la montaña lucense


lugo / la voz

El mundo se abre al cruzar el Puente de Doiras. Para llegar hasta allí es necesario alcanzar el desvío en el kilómetro 22 de la Lu-723, que es la carretera que va de Pedrafita hasta esta parroquia. Tras cruzar el río, a la derecha empieza una de las rutas de senderismo que hacen de Os Ancares un lugar mágico en el que conectar con la naturaleza, desconectar del mundo e incluso reconectar con uno mismo. Entonces, empieza la subida por un camino que asciende hacia Ferreiradeves. La ruta es de 15 kilómetros, de dificultad media y duración, en torno a las seis horas.

Continúa la subida. Carballos y cerezos hacen sombra para un paseo -o carrera, para los más atrevidos - más llevadero, a cobijo del sol. De fondo, el ruido del río das Casas como una especie de melodía de fondo. De acompañamiento, castaños que podrían tener siglos. Poco después, un pequeño puente permite atravesar el río do Toural, que deja a la derecha un camino que lleva hasta lo que en tiempos fue un pequeño molino. El camino, de piedras y tierra, pero bien conservado, cuenta con pocos indicadores y, aunque es difícil no intuir por dónde discurre, no hay nada que lo aclare específicamente.

A los dos kilómetros de subida las montañas del corazón de Os Ancares se vislumbran a la derecha entre los árboles, como si de una ventana se tratase. Conforme avanza el sendero también se agrava la calor porque desciende el número de árboles que en un principio sirvieron de paraguas. De repente, el canto de los pájaros es interrumpido por los cencerros de las vacas que pacen al borde del río. Ya con altura, merece la pena volver la vista atrás para contemplar un paisaje infinito y teñido de verde.

Al continuar el camino y a casi 700 metros de altitud, la aldea de Airoa queda a la izquierda. Un poco más arriba, el castillo de Doiras se levanta entre las laderas y la recompensa son unos bancos para recuperar aliento, descansar, beber agua y reponer fuerzas para continuar. A 800 metros de altura se vislumbra Vilar de Ferreira y el camino desemboca finalmente en Vilapasantes. Después empieza la bajada hasta As Covas, cruzando el Rego do Fontal y el río Toural. Es entonces cuando empieza el ascenso hasta Gumieiro. Finalmente, y siguiendo por la Pena dos Palleiros, el tramo desemboca en Doiras.

El castillo de Doiras

El monumento está a más de 700 metros de altitud. Destaca entre la naturaleza de dos laderas, la del Rego de Vilarello y el de Riamonte. Es del siglo XV, explica Toñi, la encargada de recibir a los visitantes que llegan hasta un lugar aún desconocido para muchos. El edificio tiene una base rectangular y sus muros parecen de acero ya que tienen un grosor de un metro y medio. El castillo pertenece a la Fundación Xosé Soto de Fión y en su interior destacan los calabozos, las caballerizas, una bodega, y un faladoiro en la parte superior con unas vistas privilegiadas a las montañas de Os Ancares. Además, el torreón tiene una lareira que también data del siglo XV. A la torre del homenaje se accede por una puerta de arco de medio punto, que comunica con el patio de armas del castillo.

Del castillo de Doiras, Toñi recuerda la leyenda de la mujer cierva. Una joven que habitaba el castillo y desapareció cuando la presionaron para aceptar un matrimonio por conveniencia. Pasado un tiempo, su hermano acudió a una cacería y capturó un ciervo al que le cortó la pierna ya que pesaba demasiado. Lo envolvió en un saco y, a la hora de sacar la pieza, la pierna era el brazo de la joven desaparecida.

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