Opinión: El (errado) discurso del Rey


L

o de la cabalgata fue la definición de cómo meter la pata al final de una actividad bien hecha. Para una vez que podíamos felicitar a la alcaldesa Lara Méndez por la organización de un asunto, ocasión harto escasa, y por las carrozas ambientadas en personajes Disney van y cierran el acto con un discurso de Melchor politizado para papás y mamás, no para chavales.

Probablemente les ha pasado lo que a algunos sacerdotes en los funerales, que para una vez que ven la iglesia llena se vienen arriba y en lugar de consolar a los allegados al difunto se centran en hacer apología de su causa y a amenazar a los presentes con que solo bajo la única y verdadera religión podrán salvar sus almas de la condenación eterna.

Era un día y una actividad para niños y tendría que ser un discurso para ellos. No era momento ni lugar para hablar del Museo de la Romanización, de la Intermodal, el Auditorio, del AVE y menos del Garañón o las elecciones, temas tan ajenos al interés de los más pequeños como la física de partículas o la receta del bacalao a la bilbaína.

También es cierto que los adultos no estuvieron acertados silbando y gritando a un Rey en presencia de los niños. Ya estamos en un mundo descreído en que los infantes saben a veces demasiado porque acceden a Internet con pasmosa facilidad, pero pocas cosas tienen que poner más a prueba la fe que les quede en la mágica existencia de estos entrañables personajes que ver a sus padres gritar iracundos a Melchor o que se los lleven de allí con un cabreo monumental.

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