Una Navidad repleta de colores

Centenares de personas de la provincia pasan y celebran las fiestas en residencias para mayores

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Las fiestas desde una residencia de mayores: una Navidad repleta de colores Con ilusión y nostalgia viven estas fechas en centros donde los residentes participan activamente

Hay tantas formas de pasar la Navidad como familias o personas. Y puede cobrar forma de reencuentros o de descanso y soledad. Sin embargo, normalmente el año termina y empieza con uvas, bailes y demasiado alcohol. También al entrar en las residencias de ancianos se respira un ambiente especial y festivo, lleno de colores, ilusión y adornos.

Eso es lo que pasa en uno de los centros para mayores de la ciudad, Abeiro Gold, en la Avenida Infanta Elena. Lo primero que se ve al traspasar la primera cristalera es un Belén y un árbol de Navidad. Del segundo no cuelgan adornos normales, sino fotos de los propios residentes, colocados por ellos mismos dentro de unas bolas transparentes que decoran y aportan al edificio la personalidad de las personas que viven en él.

Ilusión es lo que se respira

A pesar de que los mayores suelen asociar la Navidad con sus padres y abuelos en una época que ya quedó muy atrás, el número de visitas aumenta considerablemente durante la última semana del año que se va y la primera del que se acerca para inundarlo todo de propósitos que tienen pocas probabilidades de cumplirse.

Además, algunos de los residentes pueden pasar los días más señalados con sus familias. Y para aquellos que no pueden o no quieren salir los centros «intentamos que todos participen no nadal e acollelos», explica Laura Pérez, una de las animadoras socioculturales del centro. A lo que añade que en noches tan señaladas el centro elabora un menú especial «como en calquera outra casa».

La implicación de los trabajadores es clave en estos casos ya que son ellos los encargados de animar, apoyar y acompañar a los mayores en una época marcada también por la depresión blanca ya que, según informan los expertos, la venta de antidepresivos aumenta un 40% en Navidad. Iria Rey es la directora del centro, que cuenta con 186 residentes y 20 personas que utilizan el centro de día. De ellos, 146 se quedan en la residencia en fechas tan señaladas como Nochebuena o Nochevieja, todos residentes.

Desde los 68 a los 100 años

«Trabajamos para mejorar la calidad de vida de nuestros mayores», explica Rey, que también explica que es ella la encargada de gestionar toda la programación navideña que se lleva a cabo en el centro. «La decoración está hecha por los residentes y por las animadoras socioculturales», explica la directora.

Las actividades intergeneracionales, tan de moda durante el último año, también son una apuesta del centro. «Vinieron niños de Pepas y después nos invitaron a ver su representación navideña», narra la mujer. Asimismo, los familiares también tienen la posibilidad de cenar con los residentes en estas fechas.

Que vienen los Reyes

«Nos visitan unos reyes de edad avanzada muy especiales», cuenta la directora. Como cada año, muchos niños de Lugo vienen a verlos y les ayudan a repartir los regalos que traen sus majestades para todos los residentes.

Las actividades que se llevan a cabo a lo largo del año continúan en estas fechas. En una de las salas de la residencia, un numerosos grupo de mayores juegan a las cartas y, en otra de las estancias, destaca una biblioteca con un buen número de ejemplares. Pero estos veteranos también se atreven con la Wii, que les permite hacer ejercicio. El cine es otra de las alternativas cada semana y, según explica otro de los trabajadores, es una de las actividades más demandadas.

Testimonios

Carmen Cabeleiro es una de las residentes de Abeiro Gold. «Me gusta y no la Navidad porque me falta mucha gente», cuenta la mujer, emocionada por las imágenes que, explica, se le pasan por la cabeza al acordarse de sus hermanos y padres. Al mismo tiempo, se muestra satisfecha con las actividades y manualidades para decorar las instalaciones. «En Nochevieja habrá baile para los que nos movemos un poco y villancicos», cuenta Carmen, ilusionada con cómo pasará la última noche del año. Resulta reconfortante ver su ilusión y sus ganas al pensar que están en una comunidad en la que 270.000 personas viven solas. Como consecuencia del envejecimiento poblacional, muchas de ellas viven estas fiestas en soledad.

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