«Las cigüeñas ya son de casa»

Las aves llevan unos diez años formando el nido en el jardín próximo a una vivienda de Cospeito


vilalba / LA VOZ

Una casa en un entorno natural, una finca alrededor con jardín... y unas cigüeñas. La vida de Enrique Rivadulla Patricio y de Amparo García Argüelles cambió hace unos 40 años: hasta entonces residían en A Coruña; poco después del accidente del «Urquiola» buscaron una casa en la naturaleza; encontraron tranquilidad en el corazón de la Terra Chá, aunque tienen también un apartamento en su ciudad de origen, y años después hallaron una compañía que ya forma parte de su vida cotidiana.

«Las cigüeñas ya son de casa», dice ella. Tanta familiaridad se basa en los años que las aves llevan acudiendo a su finca. Hace unos diez que su presencia es habitual, hasta el punto de que parte de la alimentación consiste en lo que ellos les dejan: compran unas xoubas o unas mollejas, las ponen en el jardín, y al poco aparecen las cigüeñas, que en estos años han tenido varias crías, para dar cuenta de lo que sus anfitriones les han comprado.

La operación se repite por las mañanas. Su familiaridad con la finca incluye también acercarse a beber a una charca del jardín. No obstante, ni a los dueños de la casa y del terreno circundante les molesta la presencia de las aves ni ven en las cigüeñas ningún inconveniente o causa de destrozos en la finca: no dan problema, resumen. Eso sí, las aves se alimentan de algo más: no es raro, explica el matrimonio, que los padres, que anidan a pocos metros del de las crías, acudan con un reptil en el pico al nido de las más jóvenes.

Ya solamente faltan unas semanas para que las cigüeñas -ahora hay una pareja y tres crías- abandonen su residencia chairega por otras latitudes. De agosto a diciembre faltarán. ¿Las echarán casi de menos? Como siempre acaban volviendo, no parece habe sitio para melancolías: «Es una cosa natural; son aves», dice Enrique Rivadulla. Además, en estos años, ya se ha establecido entre las aves y los dueños de la finca algo que podría parecerse a la familiaridad: en diciembre, nada más regresar a la zona donde pasan la mayor parte del año, las cigüeñas ya se acercan al jardín sabiendo que allí tendrán algo para comer.

Los nidos de las cigüeñas están situados en los troncos de dos carballos. Unas mínimas atenciones a los árboles permiten, dice Enrique Rivadulla, que los troncos no se deterioren y sirvan año tras año para esta función. No hay duda de que dan por bien empleadas esas atenciones, porque son clara muestra de que están en el campo, pendientes de detalles como ver si las cigüeñas más jóvenes ya empiezan a volar. «Es una satifacción vivir en la naturaleza, ya lo creo. Estamos en la gloria», dice él.

Con tantos años en la Terra Chá, ni siquiera los inviernos del interior parecen rigurosos. «Aquí tenemos el mejor clima que hay; es mas seco», añade.

Dos troncos de carballo sirven de base a los lechos en los que pasan gran parte del año

Parte de la alimentación de los animales se basa en lo que les dan los dueños de la finca

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