Borrones en el patrimonio recuperado

Enrique Gómez Souto
enrique g. souto LUGO / LA VOZ

LUGO

kike

La iglesia conventual parece tener un atractivo irresistible para los gamberros

18 jul 2017 . Actualizado a las 22:09 h.

Era uno de esos callejones que las ciudades prefieren olvidar que existen aunque se encuentren en plena almendra urbana. Hoy es un tranquilo y recoleto espacio que merece ser visitado. Los galpones que se apoyaban en la iglesia conventual de Santo Domingo (Agustinas) cayeron bajo el empuje de las palas y dejaron al descubierto la belleza de una fachada que merece ser observada con detenimiento. Conseguido todo eso y mucho más en este el Carril do Hospital (plaza de Santo Domingo), los desocupados aficionados a dañar lo público han emborronado, han cubierto de pintadas la pared.

El periodista ya no se sorprende fácilmente de lo que da de sí el género humano. Y tiene para algunas de sus debilidades comprensión probablemente excesiva. Pero no deja de sentir indignación ante la demostración palpable de la estupidez; de la ignorancia en esa época en la que algunos políticos se hartan de decir que es la de la juventud mejor formada. Pues lo que ocurre en el Carril do Hospital parece demostrar justamente lo contrario. En la pared del convento de Santo Domingo, impecablemente recuperada para disfrute de propios y extraños, algunos mastuerzos han dejado su huella grafitera, en la que puede apreciarse de todo menos arte e ingenio.

La gamberrada ha sido perpetrada en distintos momentos y probablemente por manos distintas. De las pintadas, unas son más antiguas que otras. Las de color azul, de cierta pretensión literaria, son antiguas. Alguien emborronó la pared en la parte más próxima a la conexión con el Carril do Son con pintura azul. En el otro extremo de la pared, y en el centro, hay pintadas en color negro; símbolos, firmas, tonterías diversas puestas sobre el dinero aportado por los lucenses y los demás ciudadanos europeos (la rehabilitación se hizo con fondos de la UE).

Farola

Los torpes aficionados al uso del aerosol que encontraron en el Carril do Hospital un espacio tranquilo y seguro para sus gamberradas, dejaron también su huella en una de las farolas, en forma de una mancha de pintura azul en el báculo de una de ellas. No cabe atribuir intenciones artísticas a tal acción.