Empachos y torniquetes


Aprovechamos estos renglones para hablar muy poco de la cuestión que nos ocupa y sí mucho de lo que deben ser, al menos para un servidor, estas entrañables fechas. Es cierto que siempre añoramos a los que ya no están y el mejor tributo para ellos es recordarles con cariño y respeto. Pero estamos los que estamos, con nuestras familias, y si Dios no dice lo contrario, con años por delante para seguir aplicando lo que los padres, al menos los míos, nos han inculcado, que es el respeto a los demás y que lo importante no es caerse, sino levantarse. En cuanto al mundo del balón pequeño, la segunda vuelta ha empezado con un empate contra el Rivas, el mismo resultado que el Prone cosechó una semana antes contra el colista. No sé si esa igualada contra el último es buena o es mala, pero a nadie le gusta que a pocos segundos para el final, con el Narón con uno menos sobre la pista, nos dediquemos a pasarnos el balón y renunciemos a sumar los tres puntos. Pero en fin, el que toma las decisiones es el único responsable y el que debería rendir cuentas, no sé muy bien a quién, del resultado de las mismas. Estamos a la espera de nuevas incorporaciones. Que si un pívot joven, que si patatín, que si patatán. Esto, salvo varios milagros, no hay quien lo levante de la tercera o cuarta posición por la cola. Desconocemos si gastar más o menos cuartos nos dará más o menos puntos al final. Lo que sí sé es que hay que pensar dónde estamos y, sobre todo, dónde queremos llegar. Los tiempos de grandeza han terminado y gastar dinero a lo tonto es eso, de tontos. Felices fiestas a todos y que en el 2017, en esta cuestión del fútbol sala, podamos ver más luces que sombras.

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