PSOE, grumetes como capitanes

Enrique Gómez Souto
enrique g. souto PULSO LUCENSE

LUGO

10 oct 2016 . Actualizado a las 14:23 h.

En Lugo, los socialistas del PSOE, que algunos quedan aún, viven, como los de España entera, inmersos en un sinvivir y los hay que recuerdan la coplilla que dio a la imprenta Leopoldo Calvo Sotelo, atribuyéndola a un amigo, de los días en los que la UCD se descomponía: «Qué penosa situación/ la situación en que están/ los que huyendo de Cebrián/ fueron a dar en Ansón». Y es que así están las cosas en este caos en el que se han convertido el PSOE y el negro abismo que se abre a su izquierda. También en Lugo andan a la greña, aunque, por ahora, hay en la familia socialista, metafóricamente hablando, puyazos más propios de cortaplumas que de rejón torero. Van unos con el chico que sueña federalismos y repúblicas; andan otros admirados, aún, del protagonismo del andaluz de los morritos que desde la «OTAN de entrada no» implantó el paraíso de los contratos basura.

Tan liada está la madeja socialista que hay a quien los toscos malabarismos dialécticos de la alcaldesa de Lugo, Lara Méndez, cuando da su visión de la cosa, le producen grave desconcierto y desazón. Otros no se lían: tiene muy claro por dónde deben caminar. El presidente de la Diputación, Darío Campos, con la facilidad de expresión que le caracteriza, ha dejado ¿claro? que él sabe con quién está: con el que mande. A lo mejor no era eso lo que quiso decir, pero, sonar, sonó a eso.

Algunos años atrás, el lucense Juan Fernández (fue el edil que dio el primer impulso serio a los servicios sociales en el Concello) decidió abandonar su partido, el PSOE, harto de no ver en él la herramienta necesaria para conducir a la sociedad hacia un modelo realmente socialdemócrata. Se fue y no volvió. Otros muchos se quedaron y callaron durante años, porque el ascenso y consolidación del partido (más ayuntamientos y la Diputación) supuso para algunos oportunidades pocas veces soñadas. Pero ocurrió que a los mandos de la nave socialista quedaron los grumetes, que se creyeron capitanes, y el PSOE de Besteiro, que es el mismo que el de Sánchez, puso proa al acantilado de la historia. Aunque quizá no lo saben aún, ya forman parte de la crónica de los naufragios políticos. En las pasadas elecciones autonómicas, en el municipio de la capital fueron superados en votos por En Marea.

Los grumetes, como es de sentido común, no deben pilotar las grandes naves de la política. Ni los partidos ni las instituciones. Para ayer, Día de Ferrol en las fiestas de San Froilán, el Concello anunció en la jornada anterior que «a alcaldesa de Lugo, Lara Méndez, recibirá» a la corporación ferrolana. Es un error de grumete: es la corporación lucense, presidida por la alcaldesa, la que recibe a la corporación ferrolana; el matiz es importante. Los grumetes con pretensiones han llevado al PSOE al acantilado. En Lugo aún vive de la herencia y todavía navega. Pero tiene grandes vías de agua. Como en toda España, del gran partido del ferrolano Pablo Iglesias bien puede decirse, como en la coplilla, «qué penosa situación/la situación en que están».