Un proyecto en el que los activos más valiosos eran las marcas comerciales


Las marcas eran los activos más valiosos de Alimentos Lácteos, con las que se abrió un hueco en el mercado durante el poco tiempo que estuvo operando en el mercado. La planta no era de la sociedad anónima. Se la habían alquilado al grupo Pascual, que optó en su día por la propuesta del grupo que lideraban Eugenio Montero y Arcadio López, dejando en la estacada el proyecto también cooperativo, a cuyo frente estaba Feiraco.

Montero y López, que habían formado parte del proyecto de Feiraco, trasladaron a su propuesta, la que seleccionó Pascual, los términos de la que finalmente fue descartada. La industria consiguió ir avanzando, hasta que, por discrepancias con el entonces gerente, ahora responsable de Macán, Roberto Casas, el proyecto cambió su rumbo.

Montero y López siguieron cobrando por desempeñar sus cargos en la sociedad, cantidades que ahora les reclama judicialmente el administrador concursal. Intentaron que la Xunta siguiera aportando ayudas y la planta se mantuvo funcionando hasta que dejó de recibir apoyo financiero. En la primavera de 2013 dejó de envasar, con una deuda que superaba los 15 millones de euros y un centenar de acreedores. La prolongación de la agonía impidió que los trabajadores pudieran cobrar las indemnizaciones que tenía comprometidas Pascual, 1,8 millones de euros.

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