Piezas arqueológicas se custodian en Lugo al no poder estar en museos

La Xunta habilitó un local ante la falta de espacio en Viladonga


vilalba / la voz

La normativa establece que un hallazgo arqueológico debe de custodiarse en un museo. Lo que la ley no dictamina, pero cualquiera puede imaginar, es que el espacio de un museo no es infinito, lo que obliga a buscar soluciones alternativas, como ocurre en Lugo desde hace algo más de un año.

El Museo de Viladonga (Castro de Rei) tiene, como otros, esa función de custodia de piezas. La falta de un amplio espacio llevó a la Xunta a preparar un local en Lugo adonde se trasladan hallazgos arqueológicos que no se exhiben en salas. Ahí se guardan -con las debidas condiciones de humedad, de temperatura y de limpieza-, excluidas de visitas del público en general pero sí abiertas a la consulta de estudiosos y de investigadores.

Las piezas allí guardadas están catalogadas y documentadas, una cuestión de la que se ocupa personal del Museo de Viladonga. Son objetos llegados de diversos lugares, a veces con poca información, dado que escasean los museos que puedan albergarlas. La decisión de su depósito corresponde a la Xunta, aunque también pueden acabar en un recinto que no sea de titularidad autonómica.

De hecho, en el Museo de Lugo, dependiente de la Diputación, se recibieron también piezas en el pasado. La falta de espacio en los locales hoy dedicados a la actividad museística llevó a adoptar una solución como la que existe en Lugo.

Con décadas de funcionamiento al lado del castro, en el Museo de Viladonga se exponen numerosas piezas que proceden precisamente de ese yacimiento. La búsqueda de un espacio dedicado a almacén en Lugo supone en cierto modo que seguirá prestando esa función.

La responsable del Museo, Elena Varela, explica que en un caso como este lo primordial es lo que vaya apareciendo en el castro, de modo que se pretende que siempre exista espacio para futuros hallazgos. Aunque las primeras excavaciones y los primeros hallazgos en Viladonga son muy anteriores a la creación del Museo, las más recientes investigaciones también sirvieron para acrecentar el número de piezas aparecidas.

Una cuestión que puede llegar a plantearse es el interés por mostrar - fuera, por ejemplo, de un museo como el de Viladonga- una pieza encontrada en el lugar donde fue hallada. Para ello, explica Varela, debería de establecerse algún acuerdo, según el cual la pieza se exhibiría en un determinado espacio sin que eso significase un regreso definitivo a ese sitio: se trataría más bien de un depósito, pero no, matiza, de un traslado definitivo.

La situación puede cambiar si, por ejemplo, en una ciudad como Lugo se decide por fin la creación de un museo dedicado a la romanización, una institución para cuya sede se llegó a pensar en el cuartel de San Fernando en un primer momento. Descartada por ahora esa iniciativa, hay en Viladonga algunas piezas que se encontraron en la capital de la provincia: por ejemplo, así ocurre con partes de una navaja que se halladas en excavaciones realizadas hace años en el Carril dos Loureiros de la ciudad amurallada.

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