Liñares y Reguera hablaban en clave para concertar encuentros, algunos en portales
04 feb 2014 . Actualizado a las 13:04 h.Al estilo Sicilia. Los protagonistas del entramado de la Pokémon, temerosos de ser descubiertos, realizaban encuentros cada vez más peliculeros. Así lo cuentan los miembros del equipo de Vigilancia Aduanera que trabajaron para Pilar de Lara.
Los investigadores no tienen duda de que el responsable de la Ora, Javier Reguera y el ex concejal, y mano derecha de Orozco durante muchos años, Francisco FernándezLiñares, mantenían una relación más que a mistosa. Organizaban encuentros rodeados de todo tipo de cautelas y precauciones. Sin embargo fueron cazados. Hay abundante material gráfico.
El encuentro mantenido sobre las 21.30 de la noche del 4 de mayo de 2011, parece de un capítulo de Corrupción en Miami. Los investigadores interceptaron un C-5 de color oscuro en la calle Conde. Lo conducía Javier Reguera. Era el único ocupante.
Cambio de sentido
A la altura de la Rúa da Fraga realizó un cambio de sentido y circuló hacia la ronda da Muralla. En las proximidades de una tienda de mobiliario y cerca de una farmacia, el conductor detuvo el coche. Lo dejó con el motor encendido y las luces puestas sobre una señal de ceda al paso que hay en la calzada.
El Citroën permaneció en dicha situación durante unos cinco minutos. Pasado este tiempo inició de nuevo la marcha hasta que se detuvo a la altura de la Gestoría Sureda.
Al poco tiempo subió Francisco Fernández Liñares que caminaba por la acera izquierda en sentido a la calle Río Eo. El vehículo desapareció con los dos ocupantes en su interior.
A las 22,15 los investigadores localizan el turismo aparcado en la calle Serra de Ancares. Los dos ocupantes estaban su interior. A las 22,35, el C-5 deja el lugar. Antes se había bajado Liñares que caminó por la calle Ancares hasta un portal de la rúa do Conde donde, al parecer, tiene uno de sus pisos.
Precisamente por esta vivienda, los investigadores interceptaron conversaciones en las que los protagonistas de las mismas, a la hora de las quedadas secretas, se preguntaban: ¿Arriba? o ¿Abajo? Si era la primera opción, era en el centro. La segunda era en el barrio de A Ponte, donde el ex concejal tiene un chalé.
Otro encuentro peliculero entre ambos sucedió semanas después. Previamente, el ex concejal recibió una llamada en su móvil de una mujer que le dijo que no podrían ir a arreglar la puerta. «Pueden ir mañana a las ocho y media», respondió el ex de la Hidrográfica.
Al día siguiente, sobre las ocho de la tarde, aparcó delante de un portón pintado de negro, en el chalé de Liñares, un A-4. Salió el ex edil y una mujer que entraron en la finca.
Veinticinco minutos más tarde llegó un Ford Focus del cual salió Javier Rreguera, que entró en la finca aprovechando que salió Liñares y dejó una bolsa en el maletero del Audi. De nuevo el ex presidente de la Hidrográfica volvió a entrar. Después, el coche (que conducía un joven) fue aparcado a unos cien metros más adelante. A las 20,40 el turismo dejó el lugar. Diez minutos después Liñares y una mujer subieron al A-4 y se fueron.
Una señal
Otro de los encuentros detectados fue el 22 de noviembre de 2011. Reguera y Liñares se toparon en la calle Conde.el último llegó en un vehículo conducido por un hombre joven. Reguera estaba dentro de un C-5 aparcado en la zona, pero salió del mismo en el instante en que su socio le hizo una señal. Los dos hombres se metieron dentro de un portal. A los cinco minutos salió Reguera.
¿Qué ocurrió en dichos encuentros? ¿Qué había en la bolsa que fue a parar al maletero del coche de Liñares en A Ponte? ¿Botes de pintura? ¿Atrasos del convenio? ¿La prensa deportiva? ¿Tinta para la impresora? ¿Lo del Ibi? ¿El convenio de Lugo o el misterioso informe número 8? Todos esos términos los usaban para no pronunciar las palabras dinero y sobre. Quizás Liñares y Javier Manuel Reguera se encontraban simplemente para hablar del tiempo, de fútbol o, posiblemente, de caciquismo moderno.