El Gordo del Niño dejó en Sober, con 2.499 habitantes, unos diecisiete millones de euros. El alcalde cree que cortarán la sangría demográfica
13 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.De los 120 millones de euros del Gordo del Niño que repartió la administración número 3 de Monforte, cerca de diecisiete millones fueron vendidos en un bar de Sober. Un municipio de solo 2.499 vecinos -«eran os que había antonte», precisa el alcalde, Luis Fernández Guitián- donde el aguinaldo del primer premio de la lotería puede traer cola. Dividido entre toda la población, son casi siete mil euros per cápita, sin distinción de edad. El equivalente a repartir el producto interior bruto anual que le asigna el Instituto Galego de Estatística entre todos los habitantes.
Desde el día del sorteo, Guitián no esconde su euforia. «Para o noso concello é algo impresionante. Son un montón de cartos, porque hai máis décimos dos que se venderon aquí», explica. Algunos de los décimos vendidos en la Bodega de Marcelino, que repartió 16.600.000 euros, fueron a parar en realidad a Ferreira de Pantón, donde el propietario adquirió recientemente otro negocio. Pero el alcalde soberino tiene constancia de otros diez décimos del Gordo, como mínimo, que compraron vecinos de su municipio en bares de Monforte o en la administración premiada.
Saldo negativo
Mucho dinero, en todo caso, para un ayuntamiento que, como es norma en la Ribeira Sacra, tiene un saldo demográfico negativo. «Estes cartos van ser moi importantes para asentar poboación. Nos oitenta o que se levaba era aforrar para un piso en Monforte. Agora a xente pensa doutra maneira e a que pode volve a vivir á aldea. Moitos matrimonios novos xa falan de arranxar algunha casa a conta da lotería que lle tocou a eles ou aos pais», apunta Guitián.
Ayer era feria en Sober, la primera que se celebra después del Gordo de la lotería. En los bares no se hablaba de otra cosa. De la suerte de algunos y de la mala pata de otros, que por una razón u otra tuvieron a tiro algún décimo del 76254 y no quisieron o pudieron comprarlo. Y es que la Bodega de Marcelino vendió dos números diferentes para el sorteo de Reyes: el que llevaría el primer premio y otro acabado en uno. «O catro acabouse antes, era o que máis lle gustaba á xente», dice un cliente con gesto resignado. Alguno que no acertó, según cuentan, sigue sin salir de casa.