Albino Rodríguez tiene 80 años y José Alonso, 55. El primero ya está retirado, pero es memoria viva de un oficio que en Piornedo ha pasado de generación en generación: el de los teitadores de pallozas y hórreos. «Eu aprendín de ver aos veciños, a xente como Albino», explica José, que durante los últimos años se encargó del mantenimiento de las pallozas que financiaba la Xunta cada invierno.
Ni ayudas ni autorización
Los dos critican que la Administración autonómica haya retirado esa subvención, pero aún más que no les permita repararlas a su modo porque la protección especial que otorga al conjunto etnográfico el hecho de ser BIC (ben de interese cultural) se lo prohíbe. «Os veciños non temos cartos para reteitar con palla, que é moi cara, e pedimos que polo menos nos deixen poñer chapa de zinc para conservalas neste tempo, mentres non hai cartos. Tampouco é barata, pero polo menos sabes que aguanta», sostienen.