Los políticos son muy proclives a los tentadores proyectos faraónicos que se convirtieron en uno de los detonantes que desembocaron en la crisis que estamos sufriendo en la actualidad. Las cosas han cambiado y ahora estamos en el momento en el que es imprescindible tener la imaginación necesaria para encontrar la manera de llevar a cabo proyectos necesarios para los pueblos con un presupuesto más que ajustado. La palabra que mejor define en gallego esta virtud es sentidiño. En el caso de Portomarín sus responsables municipales están haciendo gala de esa capacidad con pequeñas actuaciones que van a cambiar para mejor el aspecto de una localidad cuyo futuro depende en gran parte del turismo. La hoja de ruta va bien encaminada, ahora no hay que desviarse.