Las empresas sostienen que el culto en O Ceao es una actividad ilegal
22 abr 2012 . Actualizado a las 07:15 h.La polémica sobre el funcionamiento de la nave-templo de la iglesia evangélica, que funciona desde hace dos años en la rúa do Vidro de O Ceao, no es algo nuevo. La Policía Local redactó al menos un informe, con propuesta de sanción, sobre estas instalaciones hace ya meses, después de recibir las quejas de algunos empresarios asentados en las proximidades por el ruido que genera una actividad supuestamente ilegal. Aseguran que durante los cultos sobrepasan los niveles máximos permitidos. Sin embargo, por el momento, no ha habido resolución alguna, según señalaron fuentes del propio polígono industrial, que aseguran que el expediente dormita en algún despacho ejecutivo.
Fuentes de la Asociación Provincial de Empresarios de O Ceao, organización que presentó una denuncia contra la actividad que desarrollan en la nave alquilada los miembros de la comunidad evangélica, aseguran que en el área de influencia del parque empresarial están expresamente prohibidas, mediante normativa municipal, las actividades relacionadas con el culto, la enseñanza y la sanidad.
El templo evangélico, con funciones religiosas todos los días por las tardes, reúne a unas cuarenta personas, que llegan al parque empresarial en furgonetas, que aparcan en las inmediaciones de la nave de culto. En ocasiones, según aseguraron algunos empresarios afectados, las dejan en aparcamientos de uso privado.
Entre los industriales de O Ceao existe el convencimiento de que las autoridades municipales están retrasando la decisión sobre el templo evangélico porque la comunidad tiene que asentarse en algún lugar y un polígono industrial es donde menos problemas causa.
Esta opinión no la comparten los industriales de las naves próximas que se quejan de que no pueden maniobrar los camiones con la seguridad de antes al entrar o salir de las naves. «Esto es un lugar de trabajo -aseguró uno de los afectados- y no el patio de recreo de una guardería». La razón de estas palabras es que, según aseguran, hay habitualmente un grupo de niños correteando por la zona, mientras sus padres asisten a los oficios.
«Antes de maniobrar con el camión -asegura uno de los afectados- me bajo, miro, abro la ventanilla, escucho si hay ruido susceptible de la presencia de niños y entonces me muevo. Antes no, porque tengo miedo a llevarme a alguno por delante».