La erradicación de lo accidental

Ricardo Hevia

LUGO

No fue el mejor partido del Breogán, pero ahora le basta con poco para llegar. Todo lo contrario que hace dos meses, cuando diez minutos fatídicos conducían irremisiblemente a la derrota. ¿Qué ha cambiado? No muchas cosas, pero sustanciales. Hay un presidente de facto que ejerce en el día a día y asume responsabilidad, no un político con otras obligaciones que delegaba su representación, y así nos fue. Hay un entrenador y unos jugadores más tranquilos, que sienten la proximidad del jefe y no tienen ejerciendo el mando a individuos ad divinis, que creen que lo saben todo y no saben nada. Y con la tranquilidad llega un torrente de victorias que aumenta la autoestima y convierte la victoria en algo normal y no en un accidente. Con un par de detalles más, queda un amplio margen de crecimiento. Uno, la reaparición de Krabbenhoft. No debe ser el entrenador quien informe. No tiene por qué haber misterio sobre la situación de un jugador tan importante. Que nadie cometa la estupidez de creerse más listo con tantos triunfos. La verdad es la que es y la gente tiene derecho a saber claramente los plazos. Dos, el segundo base. Acertar con la mejor opción tras Ogirri puede ser definitivo. Para estar a expensas de la inspiración del genio, va todo perfecto. Para darle un poco más de rigor, habría que darle una vuelta.

Esta tarde, partido en Cáceres. Un equipo que nos presentaron como importante, pero que juega al límite, con mucho menos potencial que nosotros. Pese a ello, es una salida sumamente difícil. Una franquicia inferior, pero que sabe que se va a jugar la última oportunidad de entrar en el play off. Otro claro exponente del nivel económico en que se mueve esta LEB. Su último refuerzo llegó pidiendo que le pagasen lo que pudiesen; de donde venía, no había cobrado un solo euro. Por cierto, un jugador acostumbrado a machacarnos en los últimos años. Ya lo hemos dicho. Una salida muy complicada. ¿Serán Gustavo y sus jugadores capaces de cortar la racha del Breo? Yo, de verdad, ni me lo planteo.