Lugo, según se ve, es una ciudad con acusadas peculiaridades. Como botones de muestra sirven los casos Campeón y Carioca. Pero también es peculiar en el modo de entender la gestión de los servicios públicos. Incluso algunos fundamentales, como los del ciclo del agua. Mientras sigue atascada la creación de la proyectada empresa mixta, la planta depuradora la gestiona una empresa a la que se le acabó el contrato y la estación potabilizadora la pilota otra firma cuya concesión acabará en abril. Y no hay soluciones a la vista ni para una ni para otra. Superadas las grandes carencias en infraestructuras hidráulicas, flojea la gestión. En la ciudad peculiar que es Lugo, el culebrón del agua amenaza con competir con las novelas por entregas de difusión nacional tituladas Campeón y Carioca.
Los vientos de la política y de la economía soplaban a favor de la construcción de nuevas infraestructuras cuando el alcalde Orozco y el concejal González Dopeso se propusieron mejorar el saneamiento y el abastecimiento de Lugo. Y hubo nuevas plantas depuradora y potabilizadora y una red de colectores generales con capacidad sobrada para cubrir las necesidades de Lugo. Pero ahora que las nuevas instalaciones están a pleno rendimiento, Orozco y Dopeso parecen no saber muy bien qué hacer con ellas. Quieren una empresa mixta (capital público y privado), pero no acaban de sacarla adelante. Como confiaban en esta opción, dejaron vencer el contrato con la empresa que gestiona la depuradora y está a punto de finalizar la concesión de la potabilizadora. ¿Y ahora qué? Pues, de momento, no hay respuesta. Lugo, ya se ve, tiene sus peculiaridades.
Singular es también la política de movilidad en la capital lucense. Lo malo no es que el plan encargado, redactado y pagado siga acumulando polvo en los estantes municipales; que sigue. El problema es que fracasan los pequeños avances para fomentar el transporte sostenible. Por ejemplo, el programa municipal de préstamo gratuito de bicicletas Rebicíclate. Primero quedó suspendido en diciembre por la necesidad de introducir mejoras; ahora, Orozco anuncia su suspensión sine die por problemas técnicos. Así, sin este servicio, seguramente se notará menos que en Lugo sólo hay un tramo de carril bici (ronda de Fingoi), cuya construcción data de 1993 y se debe al alcalde popular Tomás Notario.
Lugo, no cabe duda, es una ciudad peculiar. Y habrá más motivos para sostener tal afirmación una vez que se cierre, si alguna vez se cierra, el caso Campeón. Acabe como acabe, habrá hecho de Lugo una ciudad peculiar, un caso que se estudiará, como mínimo, en los campos del Derecho, la Sociología, la Economía y la Política. Y en el de las artes escénicas y la representación.
En política, así, en minúsculas, Lugo no es especial, aunque tiene su gracia. El reciente congreso del PSdeG lo dejó claro: Orozco con Pachi Vázquez y contra José Blanco (o al revés), y Gómez Besteiro, ni con unos ni a favor de otros, en un difícil juego de equilibrios del que salió sin partirse la crisma ni despeinarse. Es comprensible que Besteiro descoloque a los politólogos de tertulia y mesa camilla, a los analistas fetén que aciertan cuando se desdicen. Aún no han entendido que, católico nada marxista, es capaz de apoyarse en Marx para explicar a Dios; es la otra cara de Tierno, el Viejo Profesor que estaba convencido de que «Dios no abandona nunca a los buenos marxistas». Quizá en el Bloque-UPG tienen estos días fundados motivos para cuestionar la afirmación de Tierno, pero no pierden la esperanza, que es virtud cristiana. Todo puede mejorar. Incluso la gestión del ciclo del agua en la ciudad peculiar que es Lugo.
Urbanismo.
Lugo tramita la aprobación del 5% pendiente del nuevo planeamiento y en Monterroso aprobaron inicialmente el PXOM