Unas 30 armas estuvieron casi sin control en el cuartel de Monforte

Xosé Carreira LUGO / LA VOZ

LUGO

Desapareció una de ellas y ni tan siquiera fue denunciada su falta

01 mar 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Un juicio que se celebró ayer en Lugo puso al descubierto el gran descontrol existente en el cuartel de la Guardia Civil de Monforte durante las obras que fueron realizadas en el mismo durante el año 2009. Llegó a faltar un arma y, supuestamente, no se llegó a poner el caso en conocimiento del juzgado. Tampoco existe constancia, según se explicó en la vista, de que se abriese una investigación interna sobre lo ocurrido.

Durante por lo menos cuatro meses, la custodia y control de más de una treintena de armas fue, supuestamente, deficiente. Estuvieron en unas dependencias sin más seguridad que una cerradura sujetada con dos tornillos que cualquier persona podía manipular. Así lo expresó un guardia que declaró en el juicio. Este también expresó que el llegó a tener una llave de las dependencias como responsable de las mismas, pero señaló que desconocía a dónde fueron a parar por lo menos otras dos copias. Recordó que las reclamó con insistencia pero nunca llegó a tener respuesta.

Esta persona que declaró como testigo dijo que se había dado cuenta de la desaparición de una de las armas cuando hizo un recuento. Le dio cuenta al que era capitán jefe de Monforte, pero desconoce si posteriormente se dio cuenta a la autoridad judicial

El caso motivó que el conocido letrado madrileño Marcos García Montes, que intervino en la vista defendiendo a un acusado de apoderarse de una de las armas lo compararse, por su gravedad, a la desaparición en su día de unos cien kilos de cocaína y heroína de la Jefatura Superior de Policía de Sevilla. El letrado mostró su asombro porque el hecho no fuese comunicado ni denunciado. La policía monfortina se enteró de la desaparición de una de las armas a través de la llamada que efectuó una persona que pidió permanecer en el anonimato. El letrado criticó el hecho de que ni tan siquiera se investigara la procedencia de la llamada, aún cuando hubiese que mantener el anonimato de quien la hizo.

Las armas estaban, antes de las obras de reforma cerradas con llave y con alarma. Sin embargo acabaron después en unas dependencias totalmente inseguras

Pero es que, además, los obreros que estuvieron trabajando en las dependencias declararon que nadie les ponía cortapisas para llegar a muchos lugares del acuartelamiento. Se mezclaban con los guardias civiles y circulaban por las oficinas sin ningún tipo de identificación. «Hasta entrábamos con mochila y sin acreditación alguna, sin que nadie nos dijera absolutamente nada», expresó uno de ellos.