Cedrón: «Desde que son bombeiro, nunca tanto incendio vin nun mes»

Enrique Gómez Souto
enrique g. souto LUGO / LA VOZ

LUGO

OSCAR CELA

El jefe del parque dice que el fuego de Marathon fue de los peores que apagó

29 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

Hace 34 años que es bombero y asegura que lo que ocurrió en la capital lucense en el último mes es algo realmente excepcional, nunca había ardido tanto en la ciudad en tan poco tiempo. José Cedrón, sargento de los bomberos de Lugo, dice que en el incendio en la avenida de A Coruña, 165, el primero de una lista de seis, se temió lo peor. Al final, todos estos fuegos fueron pruebas superadas para los hombres que manda Cedrón.

En este mes abundante en incendio urbanos, la prueba más dura para los bomberos fue el de la avenida de A Coruña, 165, el pasado 29 de diciembre. En este caso se daban todos los ingredientes para hacer difícil su trabajo. Había un almacén con gran cantidad de material y el fuego afectaba a un edificio de viviendas con seis plantas por una calle y cinco por otra. «O bombeiro que pasa por un lume deste tipo, todo o demais o considera moi fácil de controlar», señala Cedrón. Entre las condiciones favorables, el jefe de los bomberos cita que la red de agua funcionó bien; no hubo problemas con las bocas de riego para efectuar la toma de agua.

El silbido de la Rúa Nova

En la madrugada del día 2 de enero se declaró un incendio en el bajo de la casa número 43 de la Rúa Nova, ocupado por el pub La Noche. Mientras los bomberos trabajaban -relata Cedrón- oían un silbido, pero no acertaban a identificar qué lo producía y de dónde venía. El pitido cesó. El técnico de gas ciudad al que se le pidió que inspeccionase el lugar indicó que allí no había ese servicio. Después, cuando ya los bomberos se habían retirado, se declaró un incendio en la casa 45, en cuyo bajo estaba el pub El Gandul. Cuando el servicio contraincendios se enfrentó al fuego, las llamas no cesaban, relata Cedrón, por más agua que echaban. Al final, comprobaron que había dos bombonas de butano, que no vieron en su momento porque las tapaba la mercancía almacenada. De ellas partía el misterioso e ilocalizable pitido. De no haber sido por el gas, el fuego se hubiese propagado de modo muy lento, señala José Cedrón.